Más allá de la disyuntiva: cuando la ayuda humanitaria se convierte en bienestar a largo plazo
3 de marzo de 2026
Arlen Guarín, Banco Mundial.
Doctorado: University of California, Berkeley.
Pregrado y maestría: Universidad EAFIT.Página personal: https://sites.google.com/view/arlenguarin/
Sobre la iniciativa voces: https://economia.uniandes.edu.co/voces
Co-autor: Felipe Dunsch, United Nations World Food Programme (WFP) Office of Evaluation (OEV): [email protected]
Para 2030 se estima que cerca del 60% de las personas en pobreza extrema vivirá en países afectados por conflicto y fragilidad (Hill, Khadan y Selcuk, 2025). Esta concentración de la pobreza en contextos frágiles refleja no solo la persistencia de la violencia, sino también la dificultad de sostener políticas de desarrollo en territorios marcados por crisis prolongadas. Entre las consecuencias más visibles de esta realidad está la movilidad humana, que incluye tanto desplazamientos forzados por la violencia como migración impulsada por crisis económicas y pérdida de medios de vida, un fenómeno que se ha convertido en una de las experiencias más comunes y disruptivas para millones de personas en el mundo (ACNUR, 2024).
El desafío para la política pública y la cooperación internacional no es solo atender a estas poblaciones, sino hacerlo de manera efectiva. Los programas tradicionales de desarrollo, que han mostrado impactos positivos en contextos de pobreza extrema sin conflicto, suelen tener resultados más limitados en escenarios de fragilidad. Una posible explicación es que estos contextos añaden restricciones adicionales que median la efectividad de las intervenciones. Factores como el trauma psicológico, la pérdida de redes de apoyo o la exposición repetida a situaciones de violencia pueden reducir la capacidad de los hogares para beneficiarse plenamente de los programas (Ibáñez y Moya, 2010; Kondylis, 2010; Ibáñez et al., 2022).
Aunque estos programas suelen generar alivio inmediato, lo que justifica la asistencia humanitaria de corto plazo, un gran debate actual gira en torno a si debe priorizarse la extensión de esa asistencia o el tránsito hacia políticas de desarrollo con impactos más sostenidos. La evidencia muestra que, cuando las intervenciones incorporan componentes que atienden restricciones como las mencionadas, los resultados en ingreso, empleo y bienestar pueden mantenerse en el tiempo (Blattman et al., 2017; Guarin y Londoño-Vélez, 2025; Moya et al., 2024). Sin embargo, esta discusión entre lo humanitario y lo de largo plazo puede ser engañosa. Una asistencia humanitaria bien diseñada también puede cumplir un rol preventivo. Si logra reducir la exposición a nuevas victimizaciones durante las etapas más críticas del desplazamiento, puede allanar el terreno para que las intervenciones posteriores sean más efectivas, o incluso reducir la necesidad de correcciones más costosas en el futuro.
Un momento crítico poco documentado
La investigación empírica se ha visto limitada para documentar este ángulo preventivo. En la práctica, la mayor parte de los estudios sobre movilidad humana en contextos de crisis se ha concentrado en poblaciones ya temporalmente asentadas, o en poblaciones que se espera migren pero que en muchos casos no necesariamente lo hacen (Tjaden y Dunsch, 2021; Bah et al., 2023; Rozo y Grossman, 2025). Estas limitaciones responden a retos logísticos y metodológicos: seguir a personas en movimiento es complejo y predecir conflictos y flujos migratorios resulta sumamente incierto. Como consecuencia, un momento crítico ha quedado prácticamente sin estudiar: lo que ocurre con las poblaciones desplazadas durante el tránsito, cuando muchas de las afectaciones que condicionan su vida futura se generan en forma de estrategias de supervivencia traumáticas, violencia, explotación o pérdida.
Un estudio realizado en el marco de una colaboración entre la Oficina de Evaluación del Programa Mundial de Alimentos (WFP) y el Departamento de Impacto del Banco Mundial, desarrollado en conjunto con Jonas Heirman y Florence Kondilis, busca llenar este vacío al enfocarse en migrantes y refugiados que se encuentran en tránsito. La intervención compara dos modalidades de asistencia: un vale de alimentos (Sodexo), con uso restringido a una red afiliada (orientado principalmente a víveres), y un vale flexible (Zinli), una tarjeta prepago multipropósito con uso más amplio, incluidos retiros de efectivo sujetos a comisiones. Ambos entregan montos equivalentes, que varían entre aproximadamente 63 y 206 dólares según el tamaño del hogar. La evaluación asignó aleatoriamente la modalidad de asistencia por lugar y semana, lo que permite comparar resultados de forma rigurosa. El objetivo es entender cómo una asistencia ofrecida en el momento crítico del desplazamiento puede no solo reducir la exposición a riesgos inmediatos, sino también generar beneficios más sostenidos en bienestar.
El estudio se llevó a cabo en el sur del Perú, un corredor de tránsito fundamental en la ruta hacia Chile y Bolivia. Allí, puntos como Desaguadero y Arequipa concentran gran parte del flujo migratorio, conformado principalmente por personas venezolanas (alrededor de 75%) y, en menor medida, colombianas (alrededor de 22%). La información sobre el programa se difundió intensivamente entre migrantes y refugiados en tránsito a través de terminales de buses, pasos fronterizos y redes informales, en un contexto de trayectos inseguros, noches a la intemperie y exposición frecuente a abusos. La ubicación estratégica de la intervención, junto con un esfuerzo de campo intensivo que combinó encuestas presenciales y seguimientos telefónicos, permite documentar a muy corto plazo las condiciones, expectativas, experiencias y dinámicas de los hogares mientras avanzan en su ruta. Dado que la mayoría de los hogares en el estudio es de origen venezolano, vale la pena dar un breve contexto sobre su fenómeno migratorio.
Durante la última década, Venezuela ha atravesado una de las crisis políticas y socioeconómicas más agudas de su historia reciente, marcada por hiperinflación, inseguridad y una severa escasez de alimentos. Esto ha provocado que millones de personas abandonen el país en busca de subsistencia. Perú, debido a su cercanía y entorno macroeconómico, se ha consolidado como uno de los principales destinos de esta población en la región, albergando a más de 1,5 millones de refugiados y migrantes venezolanos. En nuestros datos, la mayoría de los hogares venezolanos reporta motivos principalmente económicos para migrar. Sin embargo, aun cuando la decisión de salida sea predominantemente económica, el tránsito puede exponer a las personas a riesgos de seguridad, explotación y otras experiencias potencialmente traumáticas a lo largo de la ruta (R4V, 2023; Mixed Migration Centre, 2025).
Lo que revelan los datos
En total, se encuestaron 1.956 hogares a lo largo de 31 semanas, entre mayo y noviembre de 2024, en el momento de recibir la asistencia, con información detallada sobre composición familiar, condiciones de viaje y expectativas de destino. A partir de esta línea de base se realizaron rondas de seguimiento telefónico intensivo, enfocadas principalmente en las dos primeras semanas posteriores a la asistencia, y un seguimiento de mediano plazo alrededor de cinco meses después. Esta estructura permite observar decisiones inmediatas en el tránsito y, a la vez, si esas decisiones se reflejan en resultados meses después.
Los grupos en tránsito son, en su mayoría, pequeños y fragmentados. El tamaño promedio es de dos personas, y con frecuencia están separados de otros miembros de la familia. La mayoría de los viajeros tiene entre 18 y 35 años (53%). Un poco menos de la mitad cuenta con secundaria completa (41%), y alrededor de 14% reporta además haber iniciado estudios terciarios. Entre quienes tienen hijos, una parte importante viaja sin ellos, reflejando decisiones familiares difíciles en un contexto de movilidad rápida.
Estas características ayudan a entender por qué el diseño de la asistencia importa en el tránsito. Con recursos limitados, grupos pequeños y decisiones familiares complejas, los primeros días obligan a priorizar entre rubros esenciales. En particular, cuando el tránsito incluye niños, las restricciones se intensifican y la exposición a riesgos aumenta. En este contexto, la posibilidad de destinar recursos a transporte y alojamiento más seguro en los primeros días puede marcar la diferencia entre un trayecto relativamente protegido y uno atravesado por noches a la intemperie y situaciones de vulnerabilidad.
La importancia del tiempo se refleja en las propias expectativas de los migrantes. La gran mayoría espera haber llegado a su destino final en un plazo que suele ser de menos de dos semanas, con la excepción de quienes viajan de regreso a Venezuela o, en un número mucho menor, hacia otros continentes. En el caso de quienes se dirigen a Chile, el destino más frecuente, el horizonte de viaje es particularmente breve. Esto significa que las decisiones tomadas en los primeros días del tránsito, sobre en qué gastar la asistencia y cómo desplazarse, son determinantes para la seguridad y el bienestar del resto del trayecto.
Figura 1. Proporción de hogares que espera haber llegado al destino para distintos horizontes de tiempo.

Nota: Cada línea corresponde a un destino reportado en la línea de base. El número entre paréntesis en la leyenda indica el número de hogares que reportaron ese destino. En el eje horizontal se muestran horizontes de tiempo (3 días, 7 días, 14 días, 1 mes y 3 meses). Para cada destino, cada punto indica la proporción de hogares con ese destino que esperan haber llegado a más tardar en el horizonte indicado. Por lo tanto, las proporciones se interpretan condicionales al destino: por ejemplo, en la línea de Chile, el valor en “14 días” es la proporción de hogares que planean ir a Chile y que esperan haber llegado a Chile en 14 días o menos (no es la proporción de toda la muestra que va a Chile).
Lo que cambian unos pocos días
Los resultados de corto plazo confirman la intensidad de estas decisiones tempranas. En los primeros días del tránsito, incluso con montos equivalentes, los hogares deben asignar recursos entre varios gastos críticos (alimentación, transporte, alojamiento, comunicación, higiene y salud). La modalidad de asistencia influye en esa asignación: el vale de alimentos tiende a concentrar gasto en comida, mientras que el vale flexible permite cubrir otros rubros de manera inmediata.
En alimentación, ambas modalidades muestran mejoras importantes tras la asistencia (Figura 2), con una caída marcada de la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (Food Insecurity Experience Scale, FIES) desde niveles severos en la línea de base durante la primera semana. Dado que el estudio no incluye un grupo sin asistencia, el contraste principal es entre modalidades. En esa comparación, los hogares que recibieron el vale flexible registran resultados en FIES ligeramente peores en el corto plazo, en comparación con los hogares con vale de alimentos. Aun así, ambos presentan una mayor seguridad alimentaria que la observada en la línea de base.
Figura 2. Inseguridad alimentaria en el corto plazo (FIES), por modalidad de asistencia.

Nota: La figura muestra el puntaje promedio en la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (Food Insecurity Experience Scale, FIES) en la línea de base (momento de recibir la asistencia) y en ventanas de seguimiento posteriores (días 1–7, 8–14 y más de 14 días). Valores más altos indican mayor inseguridad alimentaria. Las líneas punteadas marcan umbrales de referencia (inseguridad moderada = 4; inseguridad severa = 7). El asterisco en la etiqueta de cada ventana indica si la diferencia entre modalidades en esa ventana es estadísticamente significativa (* p<0,10; ** p<0,05; *** p<0,01).
La modalidad flexible permitió que los hogares destinaran parte del monto a otros rubros críticos para el tránsito. En el corto plazo gastaron menos en alimentos y más en transporte, alojamiento, artículos no alimentarios y atención médica (Figura 3). Parte de este patrón es esperable, dada la restricción explícita del vale de alimentos. Lo menos evidente a priori es, si esa flexibilidad se convierte en mejores condiciones de viaje, y si estas condiciones con relevancia en un margen de tiempo tan estrecho, tiene implicaciones de más mediano plazo.
En efecto, más allá del consumo, la flexibilidad se asocia con señales de mayor protección durante el tránsito: en las primeras dos semanas se observan menos noches en alojamientos precarios y un menor uso de transporte no estándar entre quienes recibieron el vale flexible. Ese es el puente clave hacia los resultados de mediano plazo.
Figura 3. Gasto promedio por rubro en el corto plazo (USD), por modalidad de asistencia.

Nota: La figura muestra el gasto promedio (USD) por rubro, por modalidad, en distintas ventanas de seguimiento (días 1–7, 8–14 y más de 14 días). En cada panel, la línea de vale de alimentos (Sodexo) y la línea de vale flexible (Zinli) reportan el gasto promedio del rubro indicado para esa ventana. La figura incluye cuatro rubros: Alimentación, Transporte, Alojamiento y Gasto médico. Los asteriscos junto a las etiquetas de las ventanas (por ejemplo, “1–7***”) indican si la diferencia entre modalidades en esa ventana es estadísticamente significativa (* p<0,10; ** p<0,05; *** p<0,01).
En el seguimiento de mediano plazo, realizado al menos 60 días después y, en promedio, cinco a seis meses después de la asistencia, se observan diferencias claras en indicadores de seguridad, en particular entre mujeres menores de 40 años (Figura 4), un subgrupo para el cual las expectativas de riesgo en línea de base son más altas y en el que la incidencia de estos eventos es suficientemente común para analizarse con precisión. Mediante viñetas diseñadas para captar experiencias sensibles, se preguntó por episodios de victimización directa por robos o explotación sexual. En el grupo con vale de alimentos, 26% reportó robos y 19% explotación sexual. En el grupo con vale flexible, la probabilidad de reportar robos cae en 12 puntos porcentuales y la de explotación sexual en 10,3 puntos porcentuales, lo que implica reducciones sustantivas (en el caso de explotación sexual, de más del 50%)
Figura 4. Incidentes en el seguimiento a mediano plazo en mujeres menores de 40 años

Nota: La figura reporta resultados del seguimiento de mediano plazo para mujeres menores de 40 años. En cada panel, las barras muestran el porcentaje que reporta el incidente indicado (con IC 90%). Los asteriscos que aparecen junto a la etiqueta de Vale flexible (Zinli) indican la significancia estadística de la diferencia frente a Vale alimentos (Sodexo) (* p<0,10; ** p<0,05; *** p<0,01).
Consistente con esa mayor protección durante la ruta, también aparecen diferencias en indicadores de bienestar y expectativas en el mediano plazo (Figura 5). En particular para mujeres, el vale flexible se asocia con mejores resultados en bienestar subjetivo (Escalera de Cantril), menor proporción en niveles muy bajos de bienestar, y mejoras en medidas vinculadas a auto-percepción y aspiraciones. En un contexto donde experiencias como la victimización o la coerción pueden afectar de forma persistente la seguridad percibida, la confianza y la disposición a proyectarse hacia el futuro, estas diferencias ayudan a entender por qué decisiones tomadas en pocos días pueden tener efectos que se observan meses después.
Figura 5. Aspiraciones y bienestar en el seguimiento de mediano plazo en mujeres.

Nota: La figura presenta indicadores de aspiraciones y bienestar medidos en el seguimiento de mediano plazo para mujeres. En cada panel, las barras muestran el valor promedio del indicador (o el porcentaje, cuando aplica) para Vale alimentos (Sodexo) y Vale flexible (Zinli), con IC 90%. “Aspiraciones salariales altas (Q4)” corresponde al porcentaje con aspiraciones en el cuartil superior. La “Escalera de Cantril (1–10)” es una medida de bienestar subjetivo (valores más altos indican mayor bienestar). “Escalera de Cantril < 4” reporta el porcentaje con bienestar muy bajo. “Sentirse mal consigo misma” reporta el porcentaje que indica ese síntoma. Los asteriscos junto a la etiqueta de Vale flexible (Zinli) indican la significancia estadística de la diferencia frente a Vale alimentos (Sodexo) (* p<0,10; ** p<0,05; *** p<0,01).
Estos hallazgos muestran que la asistencia en tránsito puede ser mucho más que un alivio inmediato. Pequeños ajustes en su diseño, como permitir un margen de decisión en el uso de los mismos montos, durante apenas unos días, pueden prevenir eventos altamente traumáticos y dejar efectos duraderos en bienestar. Lo que ocurre en ese corto lapso es decisivo porque revela la extrema vulnerabilidad en la que se encuentran los migrantes y refugiados: decisiones y situaciones en unos pocos días pueden marcar la seguridad del trayecto y sus oportunidades a futuro.
Que una diferencia tan específica como la flexibilidad de uso, manteniendo el mismo monto de la asistencia, genere impactos tan relevantes amplía el debate sobre cómo diseñar políticas en contextos de fragilidad y movilidad forzada. La evidencia del caso de migrantes en tránsito en Perú sugiere que intervenciones humanitarias de corto plazo, cuando son oportunas y adecuadas al momento crítico del tránsito, pueden producir beneficios sostenidos en seguridad, bienestar subjetivo y aspiraciones económicas. Lejos de tratarse de una dicotomía entre asistencia humanitaria y programas de desarrollo, los resultados sugieren que ambos pueden reforzarse si se incorpora la prevención como un ingrediente con efectos duraderos.
La experiencia en Perú pone en evidencia un ángulo hasta ahora poco documentado: lo que ocurre durante el tránsito puede cambiar de manera profunda la trayectoria de vida de quienes son desplazados. Reconocerlo es fundamental para ampliar tanto la agenda de investigación como la de política. El mensaje es claro: lo que se haga en esos pocos días no es marginal. Puede ser decisivo para la seguridad, el bienestar y las oportunidades de quienes, en medio de la incertidumbre, buscan escapar de la inseguridad y la necesidad, para rehacer su vida en otro lugar.
Referencias
Bah, T. L., Batista, C., Gubert, F., y McKenzie, D. (2023). Can information and alternatives to irregular migration reduce “backway” migration from The Gambia? Journal of Development Economics, 165, 103153.
Blattman, C., Jamison, J. C., y Sheridan, M. (2017). Reducing Crime and Violence: Experimental Evidence from Cognitive Behavioral Therapy in Liberia. American Economic Review, 107(4), 1165–1206.
Guarin, A., & Londoño‑Vélez, J. (2025). Conflict, Social Protection, and Reparations. In Handbook of Social Protection. Cambridge, MA: MIT Press
Hill, S., Khadan, J., y Selcuk, P. M. (2025). Fragile and Conflict-Affected Situations: Intertwined Crises, Multiple Vulnerabilities (Policy Research Working Paper No. 11210). World Bank, Development Economics, Prospects Group.
Ibáñez, A. M., y Moya, A. (2010). Vulnerability of Victims of Civil Conflicts: Empirical Evidence for the Displaced Population in Colombia. World Development, 38(4), 647–663.
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Kondylis, F. (2010). Conflict displacement and labor market outcomes in post-war Bosnia and Herzegovina. Journal of Development Economics, 93(2), 235–248
Mixed Migration Centre. (2025). Risks, dangers and assistance needs among migrants in South America (4Mi). Danish Refugee Council.
Moya, A., Torres, M. J., Sánchez-Ariza, J., Harker, A., Lieberman, A., Niño, B., y Reyes, V. (2024). Caregiver Mental Health and Early Childhood Development: Experimental Evidence from a Conflict-Affected Setting. Working paper.
R4V (Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela). (2023). Refugee and Migrant Response Plan (RMRP) 2023–2024. UNHCR & IOM.
Rozo, S. V., y Grossman, G. (2025). Refugees and Other Forcibly Displaced Populations: A Review of the Literature. World Bank Policy Research Working Paper No. 11123.
Tjaden, J., y Dunsch, F. A. (2021). The effect of peer-to-peer risk information on potential migrants: Evidence from a randomized controlled trial in Senegal. World Development, 145, 105488.
UNHCR (ACNUR). (2024). Global Trends: Forced Displacement in 2023. United Nations High Commissioner for Refugees.

