• Inicio / Voces / El poder de las urnas: de elecciones limpias a mejores gobiernos
    • El-poder-de-las-urnas.jpg
      El-poder-de-las-urnas.jpg
  • El poder de las urnas: de elecciones limpias a mejores gobiernos

  • 28 de octubre de 2025

    Natalia Garbiras-Díaz, Profesora asistente en Harvard Business School.

    Doctorado: Universidad de California, Berkeley.
    Pregrado y maestría: Universidad de los Andes.

    Página web del autor: https://www.nataliagarbirasdiaz.com/

     

    Sobre la iniciativa voces: https://economia.uniandes.edu.co/voces


    Las elecciones son el mecanismo más común para elegir gobernantes en el mundo: de acuerdo con V-Dem, el 82% de los países tienen elecciones. Esta institución está en el corazón de la democracia, al menos desde una definición minimalista y procedimental, según la cual la democracia es un método para seleccionar líderes de manera competitiva (Schumpeter 1942; Przworski 2024)[1]

    Sin embargo, esto funciona siempre y cuando los ciudadanos vean las elecciones como legítimas y confíen en ellas. En medio de la crisis de la democracia de la que se habla hoy[2], las elecciones no se salvan. De acuerdo con el reporte más reciente de LAPOP, en 2023 apenas el 38% de los ciudadanos en América Latina confiaba en las elecciones. Colombia reporta el nivel más bajo, con el 21%.

    Varias razones pueden explicar estos niveles tan bajos de confianza, pero una en particular tiene que ver con los delitos electorales. Por ejemplo, el mismo reporte de LAPOP muestra una fuerte correlación entre la confianza en las elecciones y la percepción de que los votos se cuentan de forma correcta y justa. Y es que los delitos electorales no son un asunto menor: según datos recogidos por Bishop y Hoeffler (2016), solo la mitad de las elecciones que se realizan en el mundo pueden considerarse libres y justas.

    ¿Se puede hacer algo para reducir los delitos electorales?

    Esta es precisamente la pregunta que nos hicimos con Mateo Montenegro en un artículo donde evaluamos si aumentar el monitoreo de las elecciones, involucrando a los ciudadanos, puede reducir los delitos electorales. Con este objetivo, nos aliamos con la Misión de Observación Electoral y lanzamos una campaña masiva en redes sociales, motivando a los ciudadanos a reportar irregularidades a través del portal “Pilas con el Voto” durante las elecciones locales de 2019.

    Para evaluar el efecto de esta intervención, diseñamos un experimento donde aleatorizamos los municipios que recibieron la campaña y comparamos los resultados con los que no la recibieron. Adicionalmente, para entender la reacción de los candidatos frente a mayores probabilidades de monitoreo electoral, seleccionamos aleatoriamente un subgrupo de municipios en los que, además de la campaña, informamos a todos los candidatos a la alcaldía—a través de una colaboración con la Procuraduría General de la Nación—sobre la existencia de esta campaña y la posibilidad de que los ciudadanos reportaran irregularidades en sus municipios.

    Encontramos que la intervención logró reducir la incidencia de delitos electorales medidos a través de varias métricas. Por ejemplo, la probabilidad de que los medios reportaran delitos electorales fue seis puntos porcentuales menor en los municipios que recibieron la campaña. Estos resultados son prometedores y muestran que es posible fortalecer la integridad electoral involucrando activamente a la ciudadanía.

    ¿Por qué es urgente cuidar las elecciones?

    Más allá de los efectos inmediatos sobre la transparencia, ¿cómo afectan las elecciones el bienestar de los ciudadanos? Distintas teorías plantean que las elecciones permiten a los votantes seleccionar y disciplinar a sus gobernantes (ver, por ejemplo, Ferejohn 1986 y Besley 2005). En otras palabras, las elecciones ayudan a elegir a los mejores líderes —por ejemplo, los más competentes y honestos— y crean los incentivos que los motivan a gobernar bien, al ser premiados o castigados en las urnas. Cuando las elecciones son libres y justas, los incentivos de los gobernantes se alinean con los intereses de la ciudadanía.

    En la práctica, sin embargo, cuando hay irregularidades estos mecanismos se rompen. Quienes ganan no son necesariamente los más competentes, sino los más hábiles para manipular el proceso electoral y esto lleva a que los gobernantes pierdan los incentivos a hacer bien su trabajo una vez son elegidos.

    ¿Qué pasa, entonces, cuando las elecciones son más limpias? En un nuevo proyecto con Mateo Montenegro, basados en el hecho de que nuestra intervención redujo las irregularidades electorales, estudiamos sus efectos posteriores en el acceso a los servicios públicos. Encontramos que los municipios que recibieron nuestra intervención en 2019, al finalizar el mandato en 2023, cuentan con mejores condiciones en la prestación de servicios públicos: mayor acceso a acueducto, alcantarillado, recolección de basuras e incluso alumbrado público (medido usando imágenes satelitales). Por ejemplo, los predios ubicados en zonas urbanas aumentan su acceso a acueducto en un 3% y aquellos en zonas rurales incrementan su acceso a recolección de basuras en un 16%, frente al acceso promedio en los municipios que no recibieron la intervención.

    Al analizar variables intermedias que pueden ayudarnos a entender los mecanismos detrás de estos efectos, vemos que en estos municipios los funcionarios de las alcaldías enfrentan menos investigaciones por corrupción y recurren con menor frecuencia a contrataciones no competitivas. 

    Reflexiones finales

    Las elecciones no son un mecanismo perfecto. No nos blindan por completo de elegir a líderes corruptos o ineficaces, ni garantizan que quienes gobiernen bien siempre sean reelegidos. Como advertía Karl Popper, la virtud de la democracia no es impedir que surjan malos gobernantes, sino ofrecer un método pacífico para reemplazarlos. No tenemos un sistema infalible (ni uno mejor), pero sí un mecanismo que permite corregir el rumbo y evitar que el poder se concentre en manos de quienes podrían convertirse en tiranos. En este sentido, las elecciones son un recurso poderoso que tienen los ciudadanos cuando las cosas andan mal.

    Los resultados de nuestra investigación muestran que, con intervenciones simples que mejoran la transparencia de las elecciones, los ciudadanos se benefician: mejora la gestión pública y, con esto, la calidad de vida. Una mejor gestión, además, puede generar un círculo virtuoso en el que mejores servicios fortalezcan la confianza ciudadana y refuercen la democracia al mejorar la rendición de cuentas. Este mensaje es particularmente relevante hoy, cuando muchos ciudadanos en América Latina han dejado de creer que el voto sirve para cambiar las cosas: solo un 33% de las personas considera que votar es una forma efectiva de transformar su país (LAPOP 2023).

    Con elecciones a la vuelta de la esquina en Colombia, cuidarlas y garantizar su transparencia es clave. No porque sean perfectas, sino porque son el recurso institucional que nos permite cambiar el rumbo sin romper las reglas del juego.

    Referencias

    Besley, T., 2005. Political selection. Journal of Economic perspectives, 19(3), pp.43-60.

    Bishop, S. and Hoeffler, A., 2016. Free and fair elections: A new database. Journal of Peace Research53(4), pp.608-616.

    Ferejohn, J., 1986. Incumbent performance and electoral control. Public choice, pp.5-25.

    LAPOP. 2023. The Pulse of Democracy in 2023. Nashville, TN: Latin American Public Opinion Project – Vanderbilt University. Disponible en: https://www.vanderbilt.edu/lapop/ab2023/AB2023-Pulse-of-Democracy-final-20240604.pdf (Fecha de acceso: 25 de octubre de 2025).

    Przeworski, A., 2024. Who decides what is democratic?. Journal of democracy35(3), pp.5-16.

    Schumpeter, J. A., 1942. Capitalism, Socialism and Democracy. New York: Harper & Row

     

    [1] Según Schumpeter (1942), “El método democrático es aquel arreglo institucional para llegar a decisiones políticas en el que los individuos adquieren el poder de decidir mediante una lucha competitiva por el voto del pueblo” (pg. 269).

    [2] Según LAPOP, en 2023 solo el 59% de los latinoamericanos consideraban que la democracia es el mejor sistema de gobierno.