La deserción universitaria
20 de enero de 2026
Eduardo Lora, Consultor en políticas de desarrollo económico.
Maestría: The London School of Economics and Political Science (LSE).
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Uno de las promesas de este Gobierno ha sido ampliar la cobertura de la educación universitaria. Como se anunció recientemente, 57,5% de los jóvenes entre 17 y 21 años estaban matriculados en 2024 en programas de educación superior, lo que representa una mejoría frente al 54,9% de dos años atrás. Aunque está lejos de cumplirse la meta de crear 500.000 cupos universitarios durante el cuatrienio, el avance es notable.
Más y más jóvenes pueden sentirse orgullosos de haber llegado a la universidad. Pero muchos desertarán por el camino, como lo muestra un detallado análisis de la OCDE (Education at a glance, 2025). Junto con Perú y Chile, Colombia aparece como uno de los países con las mayores tasas de atraso y deserción en los estudios universitarios. Solo uno de cada seis estudiantes que consigue entrar a una carrera de pregrado completa sus estudios en el tiempo previsto y ni siquiera la mitad lo logran hasta con tres años de retraso. Aunque esta situación no es nueva, ni es resultado de las políticas del presente gobierno, cabe preguntarse por qué hay tanta deserción universitaria.
Parte de la deserción se debe, sin duda, a las penurias económicas por las que a menudo atraviesan los jóvenes. Pero hay otros factores más importantes, según la OCDE: “las altas tasas de deserción o las demoras en terminar los estudios pueden indicar una desalineación entre las necesidades de los estudiantes y la oferta de los programas, desafíos en la preparación académica o problemas relacionados con los servicios de orientación y apoyo. También pueden reflejar una falta de correspondencia entre las expectativas y habilidades de los nuevos alumnos y las exigencias reales de los programas. Cuando los estudiantes se matriculan en cursos que no se alinean con sus competencias u objetivos, el riesgo de no completar los estudios aumenta significativamente”.
Sin duda, en Colombia es grave esa desalineación entre los programas de estudios que ofrecen las universidades y las habilidades y expectativas con las que llegan los jóvenes a la universidad. Los problemas son cuando menos cuatro, que voy a ilustrar con referencia a la disciplina de Economía, a la que pertenecen el grueso de los lectores de este sitio.
En primer lugar, muchas carreras pretenden que los estudiantes logren niveles de conocimientos académicos que muy difícilmente pueden alcanzar con la formación que traen de la secundaria. En Economía, donde las exigencias de formalización matemática suelen ser elevadas, los estudiantes tienen que dedicar grandes esfuerzos a cumplir los prerrequisitos de cálculo y estadística, entre otros, para poder adentrarse en los temas propios de la disciplina.
En segundo lugar, los cursos que deben tomar los estudiantes no corresponden a sus expectativas sobre la carrera que han escogido. La desigualdad (económica y social) es, de lejos, el tema que más interesa a quienes empiezan estudios de Economía. Pero este tema ocupa, a lo sumo, un espacio menor dentro de la carrera. Por increible que parezca, en muchos programas de Economía nunca se estudia siquiera cómo se mide la desigualdad y, menos aún, cuáles son sus causas y mecanismos de reproducción.
En tercer lugar, el afán por completar los contenidos teóricos avanzados que establece el programa de la carrera a menudo lleva a descuidar el entendimiento y manejo de las herramientas y conceptos más básicos. Para no ir más lejos, el presidente Petro, que tiene varios títulos en Economía, puede exponer con desparpajo las más atrevidas teorías, pero confunde las dimensiones (como en los millones de toneladas de lechona de que habló en Japón) y no entiende principios básicos de la disciplina (como el rol que juegan las ganancias para incentivar las inversiones y la generación de empleo).
Y, por último, en casi todas las universidades se ignora la necesidad de formar a los estudiantes en habilidades no académicas, que son cruciales para el desempeño laboral. Según encuestas recientes a economistas egresados de tres universidades privadas y a sus jefes, las habilidades específicas que más demanda el mercado laboral son diversas capacidades para comunicarse y para relacionarse con los demás. Los conocimientos académicos avanzados tienen muy poca importancia en el desempeño laboral, excepto en unos pocos empleos puramente académicos.
Por estas cuatro razones no es sorprendente que muchos universitarios abandonen su carrera y que, incluso quienes consiguen terminarla, descubran que no llegaron bien preparados a la vida laboral y que fueron muchos los esfuerzos que desperdiciaron. Se dice que actualmente los universitarios no están interesados en sus estudios y que los domina la apatía y las bajas expectativas. ¿Por qué será?

