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Viernes, 08 Junio 2018 00:00

Crecimiento Verde

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Crecimiento Verde

La Misión de Crecimiento Verde pinta la hoja de ruta para la política pública que debe ayudar a transformar el modelo de desarrollo.

Marcela Eslava
Profesora Titular, Economía, Universidad de Los Andes

¿Cómo seguir ganando en prosperidad al tiempo que se garantiza la sostenibilidad ambiental? Es la pregunta del millón. Para nuestra fortuna, el próximo presidente encontrará una respuesta estructurada --y ojalá comprometida a través de un instrumento de política con dientes—en el resultado de la Misión de Crecimiento Verde que está por culminar bajo la tutela del DNP.

Los documentos que se han venido conociendo de la Misión (disponibles en la página web de la Misión) contienen los elementos de una hoja de ruta para la política pública “verde”, que quedará, esperemos, articulada y parcialmente comprometida antes del 7 de agosto. Aunque tiene múltiples dimensiones, hay dos que quiero recoger porque, siendo menos evidentes que otros, deben ser parte de la columna vertebral de cualquier política de crecimiento verde. Esperemos que un candidato no considere que esos elementos coartan la libertad de empresa, que el otro logre acogerlos a pesar de que no necesariamente redundan en el fin del “extractivismo”, y que ambos les paren bolas a pesar de que no se prestan para mover masas enfurecidas.

El primero de esos elementos es una estrategia articulada de fomento a la demanda por productos y servicios respetuosos con el medio ambiente, y a la formación de capital humano con las competencias requeridas por un modelo de crecimiento verde. Un eje de esa estrategia parte de la etapa escolar, con ajustes de contenidos (no nuevas materias!) que generen conciencia sobre la huella ambiental y el impacto en producción verde de las decisiones empresariales, laborales y de consumo de las personas. Condición previa es el adecuado entrenamiento de los maestros.

Otro eje de esta estrategia es el regulatorio. Implica la revisión integral de los marcos normativos con el doble objetivo de adoptar las regulaciones e incentivos necesarios para minimizar  la huella ambiental de la actividad productiva, y eliminar las reglas que le son contrarias al crecimiento verde. En el tratamiento de residuos, por ejemplo, se trata de reglamentar el reciclaje al tiempo que se eliminan las provisiones que pagan a las empresas recolectoras por tonelada de residuos enterrados.

Y el eje final requiere la articulación ordenada de las agencias del Estado que buscan facilitar el crecimiento verde. En la actualidad esas iniciativas aparecen de manera descentralizada en distintas entidades, aún dentro de un mismo nivel territorial (nacional, local). El resultado es que en muchas agencias concurren actividades de regulación, oferta de formación de capacidades, ejecución de presupuesto de incentivos. El Estado debe concentrar el esfuerzo de cada entidad en su campo natural de acción.

El segundo elemento que quiero recoger tiene que ver con el desarrollo de un sistema de estadísticas verdes. Este comprende indicadores que permitan monitorear el crecimiento de producción y empleo en sectores estratégicamente verdes; el “enverdecimiento” de los demás sectores a través de la gestión ambiental de sus procesos productivos; y la huella ambiental de todos los sectores. No sólo es evidente que el monitoreo de estos indicadores es la guía indispensable de la política pública hacia el futuro, sino que la publicación “ruidosa” de estos indicadores es en sí misma una poderosa herramienta de formación de una cultura verde de producción y consumo.

El corazón de ese sistema debería ser la medición del “PIB verde”: una medida del PIB, según lo define las Naciones Unidas, que resta el costo de la degradación y agotamiento ambiental al PIB que estamos acostumbrados a medir. Llegar a ese corazón tomará tiempo, por una serie de razones que han frenado la medición del PIB verde en todo el mundo, pero a esa meta nos debe llevar el sistema de estadísticas verde.

En el más corto plazo, es posible y necesario empezar a medir la producción de bienes y servicios verdes, como bioeconomía, ecoturismo, economía circular, aprovechamiento forestal y energía, movilidad y construcción sostenibles. Para esto se requiere adoptar una clasificación sectorial complementaria a la actual CIIU que permita “marcar” las empresas que producen bienes y servicios estratégicos dentro de lo verde en las bases de datos estadísticas (como las del DANE) y administrativas (como el RUT y la PILA). Se debe también generar una estrategia efectiva de comunicación de indicadores que ya se miden, como el uso y agotamiento de recursos capturado por la Cuenta Satélite Ambiental del DANE, y la gestión ambiental en la producción, capturada para la industria por la “Encuesta Ambiental Industrial”.  

Ojalá no acabe engavetado este esfuerzo de la Misión de Crecimiento Verde, que empleó mucho cerebro y un presupuesto no despreciable, y que tiene muy buenos resultados para mostrar. Que así sea depende de que el actual gobierno se emplee a fondo para dejar “pisados” algunos de estos compromisos. También de que el nuevo presidente asuma con responsabilidad y mano firme, pero sin dramatismo ni simplismo ambientalista, su papel de líder en la transformación del modelo de crecimiento.

Fuente original http://lasillavacia.com/silla-llena/blogoeconomia/historia/crecimiento-verde-66440

 

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