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Predeterminismo y milagros

8 de septiembre de 2026

Luis Felipe Sáenz, Assistant Professor of Economics, University of South Carolina.

 

Doctorado: University of Illinois

 

Página personal: https://sites.google.com/site/luisfelipesaenz/


Durante los últimos ciclos electorales sudamericanos, la palabra milagro ha sido usada y abusada desde la Patagonia hasta el Caribe como la quimera que separa la pobreza tropical de la opulencia occidental. El crecimiento económico aparece como la solución a todos los problemas apremiantes de América Latina en foros, redes sociales y círculos tecnocráticos. Bajo esa misma narrativa se justifican toda clase de intervenciones, privilegios y "políticas industriales" en nombre de su supuesto impacto sobre la tasa de crecimiento. Vale, entonces, la pena preguntar: ¿qué caracteriza un milagro económico?

 

La respuesta habitual está asociada a una tasa. Cuando pensamos en milagros, solemos pensar en Japón después de la Segunda Guerra Mundial, en Corea del Sur o en los llamados tigres asiáticos. Lo que tienen estos episodios en común es un período prolongado de crecimiento extraordinariamente rápido. Desde esta perspectiva, un milagro parecería describir a una economía capaz de crecer al 7 u 8 por ciento anual durante varios años.

  

Sin embargo, esa definición confunde una consecuencia con el fenómeno mismo. Un milagro es un cierre extraordinariamente rápido de la brecha de ingreso entre la frontera técnica y la pobreza. Las altas tasas de crecimiento son la huella visible de la transición, pero no su esencia. De hecho, ninguna economía ha encontrado aún formas de crecimiento perpetuo con tasas superiores al 7 por ciento. Los milagros son temporales, pero con efectos permanentes sobre el bienestar.

 

Esta forma de entender los milagros ayuda a interpretar algunos de los episodios más extraordinarios de la historia económica moderna. Durante el siglo XIX, Inglaterra se convirtió en el referente del desarrollo industrial. Su liderazgo parecía inalcanzable. Sin embargo, varios países que llegaron tarde al desarrollo comenzaron a crecer incluso más rápido que el propio pionero industrial. Como observó Alexander Gerschenkron, quien parte desde atrás puede aprovechar conocimientos, tecnologías y formas de organización que otros ya descubrieron. 

 

Japón fue, efectivamente, el paciente cero de los milagros económicos. Su extraordinario desempeño tras la Segunda Guerra Mundial dio origen a la idea moderna de "milagro ". Después llegaron Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong. Más recientemente, China, Vietnam y muchos otros han empezado a seguir trayectorias similares.

 

La Figura 1 documenta este proceso al comparar cuánto tiempo le tomó a cada país duplicar su ingreso per cápita, pasando de US$4.000 a US$8.000. Lo que emerge es una regularidad sorprendente: para muchas economías rezagadas, transiciones rápidas hacia niveles más altos de ingreso han sido mucho más comunes de lo que solemos imaginar.

 

 

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Figura 1. Años requeridos para duplicar el ingreso por habitante. Fuente: cálculos propios con Maddison Project Database 2023; adaptación de la figura 3 de Lucas Jr. y Sáenz (2026), basada en el ejercicio de Parente y Prescott (2000). La muestra contiene 97 países y llega hasta 2022, en dólares internacionales de 2011. 

 

A medida que una economía cierra la brecha que la separa de la frontera tecnológica, las ventajas asociadas al atraso comienzan a desaparecer y el crecimiento converge gradualmente hacia ritmos de frontera. Esto distingue a los milagros de los fenómenos que las teorías de crecimiento endógeno buscan explicar: no son cambios permanentes en la tasa de crecimiento, sino episodios excepcionales de convergencia. Japón dejó de crecer como Japón. Corea dejó de crecer como Corea. China eventualmente dejará de crecer como China. Ninguno de estos casos dejó de ser exitoso; simplemente completaron buena parte de la transición que había hecho posible su aceleración inicial.

 

Entender un milagro como una transición rápida permite identificar dos características fundamentales. La primera es que se trata de un fenómeno reciente. Los casos que dominan nuestra imaginación ocurrieron durante la segunda mitad del siglo XX, cuando la acumulación de conocimientos productivos hizo posible que países rezagados aprendieran de quienes habían llegado primero.

 

La segunda es que los milagros ocurren en economías pobres. La convergencia requiere distancia respecto de la frontera. Corea del Sur, China y, actualmente, Bangladés pudieron crecer a tasas extraordinarias precisamente porque parten de ventajas propias del atraso.

 

La frontera tecnológica, por su parte, crece a un ritmo lento y sostenido, a tasas entre el 1 y el 2 por ciento anuales. No existe un solo país rico que esté creciendo a tasas de milagro. Luego, para cerrar brechas con la frontera, basta con crecer, durante algunos años, más rápido que ella. La Figura 2 permite observar esta idea en el caso colombiano. Tras más de un siglo de crecimiento económico, Colombia pasó a formar parte del grupo de economías de ingresos medios. El “nadadito” de perro también tiene su efecto compuesto. Colombia crece, pero lo hace a ritmos de frontera desde 1940, lo que impide cerrar brechas frente a las economías más avanzadas. Mientras Japón y Corea convergieron rápidamente hacia los niveles de ingreso de los países ricos, Colombia se ha mantenido durante décadas alrededor de una quinta parte del ingreso estadounidense. 

 

Si bien Colombia, a datos de hoy, parece haber dejado pasar el tren de los milagros, varias de sus regiones todavía exhiben las condiciones de pobreza y atraso relativo, lo que históricamente ha sido cultivo de milagros. El panel derecho muestra que el PIB por habitante de Bogotá multiplica varias veces el de departamentos como Chocó, Nariño o Cauca.

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Figura 2. La brecha nacional y las brechas regionales. Fuente: cálculos propios con Maddison Project Database 2023 (panel a) y DANE, Cuentas nacionales departamentales 2005-2025pr (panel b). El panel izquierdo muestra el PIB por habitante de Colombia relativo al de Estados Unidos. El panel derecho muestra el PIB por habitante de los departamentos como porcentaje del de Bogotá, tomando a Bogotá como igual a 100.  

 

Vista desde estas regiones, la historia colombiana puede entonces no ser determinista. Los grandes milagros económicos del último siglo ocurrieron precisamente en sociedades pobres, con amplias brechas respecto a la frontera productiva mundial. Ser pobre, sin embargo, no es garantía de ningún milagro regional. Justamente, esa pobreza es un síntoma de las barreras que siguen impidiendo la convergencia regional. Muchos lectores ya estarán pensando en la ausencia del Estado como la barrera a superar, pero, paradójicamente, el centralismo colombiano ha demostrado ser bastante efectivo para regular, bloquear, extraer y distorsionar desde Bogotá. La ausencia estatal en las regiones es selectiva. Esto nos lleva a cuestionar si en nuestra democracia tenemos apetito y capital político para romper las barreras a la riqueza regional.

 

Escribo estas líneas desde Daca, Bangladés, una economía que hoy exhibe varios de los síntomas clásicos de un milagro económico. Hace apenas unas décadas, Bangladés era considerado un caso perdido: un país condenado por su geografía, sus instituciones y, según algunos observadores, incluso por su cultura. Un caso clásico de predeterminismo histórico. Pero el crecimiento económico moderno rara vez respeta este tipo de conjeturas binarias. Hoy, las exportaciones manufactureras de Bangladés, lideradas por el sector textil, han transformado profundamente su estructura económica y han elevado los niveles de vida de millones de personas.

 

Hay algo familiar en esta historia. Como la Inglaterra de los albores de la Revolución Industrial, Bangladés encontró en los textiles una puerta de entrada a la transformación productiva. Como Japón, Corea del Sur y China antes que ella, encontró en las exportaciones una vía para acelerar su desarrollo. Su historia todavía no está escrita. Bangladés enfrenta desafíos económicos, políticos e institucionales importantes. Ningún milagro viene acompañado de garantías. Pero, la referencia permanente en este rincón del planeta sigue siendo la experiencia de aquellas economías asiáticas del vecindario que sí lograron transformar siglos de atraso a un ritmo milagroso.

 

Tal vez los milagros económicos comienzan precisamente así: no cuando se dan las condiciones ideales y desaparecen los obstáculos del desarrollo, sino cuando una sociedad deja de asumir que estos son permanentes.

 

 

Referencias

 

Gerschenkron, A. (1962). Economic Backwardness in Historical Perspective. Harvard University Press.

 

Parente, S. L., & Prescott, E. C. (2000). Barriers to Riches. MIT Press.

 

Bolt, J., & van Zanden, J. L. (2024). Maddison-style estimates of the evolution of the world economy: A new 2023 updateJournal of Economic Surveys.

 

Lucas Jr., R. E., & Sáenz, L. F. (2026). The Global Industrial Revolution. STEG Working Paper.

 

DANE. Cuentas Nacionales Departamentales 2005-2025pr.