Cómo financiar al Estado: El impuesto al patrimonio y los impuestos a las ganancias
29 de septiembre de 2026
Sergio Ocampo Díaz, Profesor Asistente de Economía, Universidad de Western Ontario.
Doctorado: Universidad de Minnesota.
Página personal: https://sites.google.com/site/sergiocampod/
Financiar al Estado es un desafío permanente, pero la situación actual de las finanzas públicas colombianas lo ha vuelto urgente. Ya sea por la necesidad de pagar (y ojalá bajar) la deuda del gobierno o por la necesidad de financiar la reconstrucción después del terremoto del 10 de agosto, el Estado necesita más y mejores fuentes de financiación. ¿De dónde sale la plata? Dados los altos niveles de deuda y la demanda por gastos, lo más probable es que se deban aumentar los impuestos. Pero es que los impuestos ya son muy altos. ¿Qué hacer entonces?
Parte de la respuesta está en cómo combinar los impuestos que tenemos para no solo recaudar recursos, sino también aumentar la productividad y el crecimiento de la economía. Para lograr esto, los impuestos deben buscar un balance entre recaudar recursos de quienes tienen con qué pagar, sin castigar las actividades más productivas. Esto es posible al combinar tres ingredientes: (1) Fortalecer el impuesto al patrimonio. (2) Rebajar el impuesto a las ganancias, como el impuesto sobre la renta que pagan las empresas. (3) Actualizar la base del patrimonio para reflejar el valor histórico de los activos. Reemplazar impuestos a las ganancias por impuestos al patrimonio genera crecimiento, empleo, y mayores salarios.
¿Cómo usar impuestos al patrimonio para generar crecimiento? Estos impuestos aumentan la productividad y el crecimiento cuando reemplazan impuestos a las ganancias, y no cuando se suman a ellos. Este reemplazo favorece a las empresas más productivas y a los emprendedores con proyectos de alto potencial. Aunque el impuesto al patrimonio genera problemas de liquidez y riesgo, estos problemas se manejan mejor cuando las empresas retienen más de sus ganancias e ingresos.
La clave es que el impuesto al patrimonio no afecta a todas las personas por igual. Por ejemplo, considere personas con el mismo patrimonio. Para los dueños de empresas más productivas (con mayores ganancias y potencial de crecimiento), el impuesto al patrimonio es una fracción menor de sus ganancias. Reemplazar impuestos a las ganancias por impuestos al patrimonio los beneficia. En cambio, las empresas menos productivas tienden a cerrar o venderse a quienes pueden operarlas mejor. Por otro lado, el impuesto a las ganancias recae sobre las actividades más productivas (¡las que generan mayores ganancias!) poniendo un límite al crecimiento de estas actividades. Actividades poco productivas que generan rentas bajas pagan menos y se pueden sostener por más tiempo.
El problema no es tener mucho o poco patrimonio, sino si ese patrimonio se usa productivamente, beneficiando al resto de la economía a través de empleo e inversión. Además, los proyectos empresariales más productivos tienen más espacio para crecer y expandirse, al reemplazar impuestos a las ganancias por impuestos al patrimonio, beneficiando a los emprendedores. El resultado es una economía más dinámica, más productiva, y con mejores empleos.
Dos de mis artículos desarrollan estos puntos. El primero muestra cómo reemplazar impuestos a las ganancias por impuestos al patrimonio aumenta la productividad al permitir que las empresas más productivas crezcan mientras que la riqueza sin usos productivos disminuye. El segundo muestra que al hacer este cambio en los impuestos se incentiva la innovación y la creación de empresas más productivas, porque se aumentan los retornos a las inversiones más productivas y se disminuyen los retornos a las menos productivas. La clave es que el impuesto al patrimonio no solo beneficia a los proyectos y empresas con mayores retornos, sino que incentiva a las personas a buscar estos proyectos para invertir en ellos. Los impuestos a las ganancias hacen que los retornos más altos sean menos atractivos y disminuyen los incentivos a buscarlos.
Las diferencias en el efecto de los impuestos entre personas con empresas más y menos productivas van al corazón del problema central de la economía colombiana: la escasez de empresas de alta productividad.
¿Cómo usar impuestos al patrimonio para liberar la riqueza del país? Una de las razones de la baja productividad del país es que los altos impuestos a las ganancias atrapan la riqueza en inversiones poco productivas (capital lock-in). Como las ganancias de capital suelen gravarse únicamente cuando se realizan—por ejemplo, al vender un activo—,sus dueños pueden posponer el pago del impuesto manteniendo inversiones que ya no son las más productivas. Los impuestos están atados a la venta de activos y por tanto la riqueza queda atrapada en sus usos previos. En un nuevo artículo muestro que el impuesto al patrimonio ayuda a liberar la riqueza de sus usos menos productivos. La clave está en la actualización periódica de la valuación del patrimonio. El impuesto al patrimonio hace menos atractivo quedarse con activos poco productivos que deben pagar impuestos y hace más atractiva su venta, liberando riqueza para que busque nuevas inversiones con mayores retornos como lo explico en este escrito. Si además se reducen los impuestos a las ganancias, el capital liberado tendrá mayores incentivos para buscar oportunidades productivas dentro del país.
¿Cómo diseñar el impuesto al patrimonio? El impuesto al patrimonio puede generar recursos al tiempo que incentiva la productividad y el crecimiento, pero esto depende de cómo se diseña y se implementa. Sumar impuestos al patrimonio sobre otros impuestos es inconveniente. Las empresas ya pagan impuestos sobre la nómina, sus ingresos (por el ICA), y sobre sus ganancias (por la renta). Adicionar el impuesto al patrimonio crea un problema de liquidez: tener patrimonio no significa tener caja para pagar el impuesto. Además, se aumenta el riesgo de operar un negocio. Menor liquidez y mayor riesgo vuelven a las empresas más frágiles, lo que puede provocar cierres y disuadir a los emprendedores de abrir nuevas empresas. Por eso mi trabajo muestra que es mejor reemplazar impuestos, en vez de adicionarlos.
Por otro lado, la base gravable del impuesto al patrimonio juega un papel crucial. Debe reflejar el valor del capital, pero no sus retornos futuros. Esto lo diferencia de propuestas en Estados Unidos y Europa de cobrar impuestos a la riqueza basado en el valor de mercado, que incorpora las expectativas sobre retornos futuros. Cobrar impuestos de esta forma hace que la carga recaiga desproporcionadamente sobre las inversiones más productivas, con los mayores retornos a futuro. El mismo efecto de los impuestos a las ganancias, pero sobrecargados al cobrar impuestos sobre ganancias que aún no han sido realizadas. En cambio, la base gravable debe ser el valor histórico o contable de los activos, con actualizaciones frecuentes.
El impuesto al patrimonio no es una panacea, pero puede ser parte de la solución. No hay una respuesta fácil a los problemas de recaudo del país. Además, el impuesto al patrimonio trae problemas propios, algunos compartidos con otros impuestos. Cualquier impuesto al capital o a los ingresos que éste genera disminuye la acumulación de riqueza. La carga administrativa de actualizar el valor del patrimonio es alta (como lo demuestran los problemas con la actualización del Catastro). Estos problemas deben ser parte de la conversación. Al mismo tiempo, el impuesto al patrimonio incentiva la búsqueda de mayores retornos y proyectos más productivos, libera la riqueza que está atrapada en inversiones de baja productividad y puede resultar más equitativo en un país tan desigual como el nuestro. La pregunta que resulta más provechosa no es si eliminar o aumentar un impuesto, sino cuál es la mejor combinación de impuestos para el país.