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Producción del hogar por edad y sexo: nueva evidencia para Uruguay

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Producción del hogar por edad y sexo: nueva evidencia para Uruguay

 

Household Production by Age and Sex: New Evidence for Uruguay

 

Cecilia Lara1
Marisa Bucheli2

1 Profesora del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, y del Programa de Historia Económica y Social de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay. Dirección de correo: Constituyente 1506 piso 4, Montevideo, Uruguay. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

2 Profesora del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay. Dirección de correo: Constituyente 1506 piso 6, Montevideo, Uruguay. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

Este artículo fue recibido el 23 de noviembre del 2016, revisado el 8 de septiembre del 2016 y finalmente aceptado el 12 de diciembre del 2016.


Resumen

El objetivo de este artículo es construir perfiles de tiempo destinado a la producción del hogar y su consumo por sexo y edad para Uruguay. Para ello, se aplica una extensión de la metodología del sistema de Cuentas Nacionales de Transferencias, la cual implica estimar la producción del hogar en unidades de tiempo y luego valorizarla. Las actividades consideradas corresponden a aquellas que pueden ser transferidas a un tercero, y para su valorización se recurre al método del costo de reemplazo. Los datos provienen de la Encuesta de Uso del Tiempo elaborada por el Instituto Nacional de Estadística en el año 2007. Los resultados muestran que las mujeres dedican más tiempo que los varones a la producción del hogar en todas las edades. Además se observa que a mayor nivel educativo de los individuos, parecería generarse un efecto positivo sobre la equidad de género al interior de la familia.

Palabras clave: producción del hogar (palabra clave del autor), asignación de tiempo (palabra clave del autor), género (palabra clave del autor), ciclo de vida (Thesaurus), nivel educativo (Thesaurus).

Clasificación JEL: D13, J22, J16.


Abstract

The aim of this paper is to present time profiles of home production and its consumption by sex and age for Uruguay. For this, we apply an extension of the methodology National Transfer Accounts, which implies estimating time spent in home production and then valuing it. The activities considered correspond to those that can be transferred to a third party, and for their valuation we use the replacement cost method. The data come from the Time Use Survey prepared by the National Institute of Statistics in 2007. The results show that women spend more time than men on unpaid household activities at all ages. It is also observed that a higher educational level of the individuals seems to generate a positive effect on the gender equality of the family.

Key words: Home production, time allocation, gender, life cycle, educational level.

JEL classification: D13, J22, J16.


Introducción

La evidencia muestra el importante papel que desempeñan las mujeres en las actividades realizadas en el hogar, entre ellas las de cuidados de personas dependientes, al tiempo que su participación en el mercado laboral ha venido creciendo, tomando proporciones relevantes incluso en países en que tradicionalmente había sido débil. Ello motiva a valorar la producción del hogar en unidades monetarias para, de este modo, evidenciar la contribución (mayoritariamente femenina) al bienestar total por parte de quienes realizan actividades económicas en el hogar sin remuneración a cambio (Hirway, 2005).

En 1934, Margaret Reid publica su libro Economics of Household Production, en el cual estudia la producción del hogar, es decir, aquellas actividades no remuneradas ejecutadas por y para los miembros del hogar, que pueden ser reemplazadas por bienes o servicios de mercado. Posteriormente, a partir del Informe sobre los Derechos de la Mujer en 1985, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social de Copenhague en 1995, y la Plataforma de Beijing en 1995, se le otorga mayor interés a la valoración de la producción del hogar y a la elaboración de las llamadas cuentas satélites de los hogares (Aguirre y Ferrari, 2014; Eurostat, 2003; INEGI, 2012; Varjonen, 1998).

Más recientemente, se desarrolla la metodología que se aplica en este trabajo, las Cuentas Nacionales de Transferencias de Tiempo (de aquí en adelante NTTA, por su sigla en inglés: National Time Transfer Accounts). Estas son una extensión de las Cuentas Nacionales de Transferencias (de aquí en adelante NTA, por su sigla en inglés: National Transfer Accounts)3, las cuales proporcionan estimaciones de los flujos económicos registrados en las Cuentas Nacionales (producción, consumo, ingresos, etc.) desde una perspectiva generacional, es decir, por edades. Mientras que las NTA se restringen a la producción de mercado, las NTTA incorporan las transferencias de tiempo vinculadas a la producción del hogar proveniente de actividades no remuneradas. Por tanto, al integrar las NTA y las NTTA se logra visualizar un panorama completo de la economía.

Lo novedoso del enfoque de las NTTA respecto a otras metodologías que miden uso del tiempo consiste en la generación de estimaciones de producción del hogar y su consumo a lo largo de todas las edades diferenciando por sexo. De la diferencia entre producción y consumo surgen los resultados netos (déficit o superávit de transferencias de tiempo), ya sea a nivel individual o a nivel agregado. Además, estas transferencias de tiempo pueden ser expresadas en unidades monetarias por medio de la aplicación de diferentes métodos de valorización y, de este modo, es posible medir las contribuciones económicas durante la vida por parte de varones y mujeres.

La apertura por sexo y edad es de gran importancia en este tipo de análisis. La perspectiva de género es valorada en los trabajos de uso del tiempo, ya que la evidencia es contundente sobre cuál es la contribución femenina a las actividades del hogar (Aguirre y Ferrari, 2014). En cuanto a la edad, su relevancia proviene de la existencia de diferencias que responden a dos efectos: el de generación (o cohorte de nacimiento) y el estrictamente atribuible a la edad (asociado al ciclo de vida).

Para el caso latinoamericano, hasta el momento existen estimaciones para México (Rivero, 2016), Costa Rica (Jiménez-Fontana, 2014 y 2016) y Colombia (Urdinola, 2016). Existen además estimaciones para Estados Unidos (Donehower y Mejía, 2012), 18 países europeos (Rentería, Scandurra, Souto y Patxtot, 2016; Sambt, Donehower y Verbic, 2016; Zagheni y Zannella, 2013; Zagheni, Zannella, Movsesyan y Wagner, 2015), 3 países asiáticos y 4 africanos. Todos ellos tienen en común mostrar la presencia de una brecha de género en la producción del hogar, particularmente notoria en las edades medias, y en la que es muy relevante la función de la actividad de cuidados de personas. Por otro lado, las diferencias entre países son potencialmente útiles para analizar los efectos que pueden tener los distintos arreglos institucionales y familiares.

Este artículo tiene como objetivo contribuir con estimaciones novedosas de NTTA aplicadas al caso de Uruguay. Más precisamente, se propone: 1) estudiar las diferencias de género del tiempo dedicado a las actividades del hogar, dada la edad; 2) indagar quiénes son los beneficiarios de ese tiempo, lo que permite analizar el tiempo dedicado a la producción en términos netos; 3) explorar las diferencias entre personas de distinto nivel educativo. La fuente de datos es la Encuesta de Uso del Tiempo (EUT) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en todo el territorio uruguayo durante el año 2007.

Puesto que se emplea información de corte transversal para un solo año, los efectos generación y edad se confunden, por lo que la interpretación de los resultados requiere realizar alguna hipótesis sobre cuál es el predominante.

Los resultados obtenidos en este trabajo muestran que las mujeres dedican más tiempo a la producción del hogar en comparación con los varones para todas las edades, con las consiguientes diferencias por sexo que se evidencian en los ingresos percibidos, en las trayectorias profesionales y en el grado de independencia económica, entre otros. Una apertura por actividades indica que eso ocurre en todas ellas, con la excepción de algunas tareas generales del hogar de baja carga horaria. Además, las mujeres en las edades medias dedican más tiempo a la producción del hogar que a su consumo, por tanto, presentan superávit de transferencias de tiempo; en cambio, los varones son deficitarios incluso en esas edades. Por último, el análisis por nivel educativo sugiere que el patrón de la tradicional división sexual del trabajo se suaviza para los mayores niveles, equilibrándose los roles de género dentro del hogar, en especial en lo que refiere a los cuidados.

El artículo se organiza en tres secciones que siguen a esta introducción. En la primera sección se incluyen los aspectos metodológicos e información sobre los datos para las estimaciones. En la segunda sección se presentan los resultados y, por último, se exponen unas reflexiones finales.

I. Datos y método

En este trabajo se estima la producción del hogar y su consumo por edad y sexo, en unidades de tiempo y en unidades monetarias. Se sigue la propuesta de Donehower (2014), la cual, a su vez, se basa en varios antecedentes, algunos de ellos referidos a lo largo de la sección.

Se entiende por producción del hogar las transferencias que realizan los individuos a los integrantes del hogar a partir de actividades no remuneradas. Los beneficiarios de esas transferencias son los consumidores de esa producción, donde se debe tomar en cuenta que en varias actividades, el propio productor es un consumidor. Es posible definir las transferencias netas como la diferencia entre las transferencias realizadas menos las recibidas (producción menos consumo).

La fuente de datos utilizada es la EUT realizada en Uruguay en el mes de septiembre del año 2007 por el INE. La encuesta releva el uso del tiempo de todos los integrantes del hogar, el cual es informado por una única persona: un mayor de 13 años principal responsable de las tareas del hogar. El total de personas que operaron como informantes corresponde a 4.484, de los cuales el 26% son varones (1.153) y el 74% mujeres (3.331)4. Estas personas informan sobre las actividades de 8.971 integrantes del hogar, 4.118 varones y 4.853 mujeres.

En relación con la forma de relevar la información, se aplicó el método de lista de actividades, el cual consiste en que el individuo declare cuánto tiempo le dedica a actividades específicas que aparecen en un cuestionario5.

A. Producción del hogar

Para la estimación de la producción del hogar, es decir, las transferencias de tiempo realizadas por los individuos, se consideraron las actividades para las cuales se puede contratar a una tercera persona (Donehower, 2014; Landefeld y McCulla, 2000; Reid, 1934). El cuestionario de la EUT recoge información sobre el tiempo destinado a diferentes actividades, las cuales fueron reordenadas en cuatro grupos: cuidados dentro del hogar, actividades de cocina y limpieza, tareas generales dentro del hogar y apoyo a otros hogares. El contenido de cada grupo de actividad se detalla en el cuadro 1.

Para estimar la producción por edad y sexo se utiliza el reporte del entrevistado, el cual tuvo que ser anualizado a los efectos de estimar la producción anual. El período de referencia en la EUT es el último día laborable y el último día de descanso semanal previo a la entrevista. Por tanto, las horas informadas por el último día laborable fueron multiplicadas por 365, y las registradas para el último día de descanso semanal por 52.

B. Consumo del hogar

La estimación de la producción por edad y sexo no presenta dificultades, ya que ambas variables son informadas por la EUT. Lo que la EUT (y en general las encuestas de uso del tiempo) no informa quién es el consumidor de dicha producción, por lo que se requiere de algunos supuestos para hacer perfiles de consumo por edad y sexo.

La estrategia seguida para identificar al consumidor es diferente entre actividades. Específicamente, Donehower (2014) propone una estrategia para el caso de la producción específica (cuyo beneficiario está implícito) y otra para la producción general.

Cuando la actividad tiene beneficiarios implícitos es posible identificarlos. Es el caso del cuidado de niños, los cuales están definidos en la EUT como menores de 13 años. Una alternativa es asignarle a cada destinatario el tiempo destinado a la producción dividido por el número de destinatarios en el hogar. Otra alternativa es tratar de realizar una estimación que tome en cuenta que la intensidad del consumo varía con la edad. En la presente estimación se siguió la segunda opción. El primer paso consistió en estimar el modelo:

Donde Cj es el consumo del hogar j (que es igual a la producción y por tanto, se cuenta con el registro), Nj(a) es el número de destinatarios (niños) de edad a en el hogar j y j es una perturbación aleatoria. Existen tantas variables N(a) como edades de potenciales destinatarios (de 0 a 12 años).

La estimación de los parámetros se realizó mediante mínimos cuadrados ordinarios. Cada parámetro β(a) indica cuánto varía el consumo ante un nuevo integrante de edad a. Es, por tanto, un indicador del consumo de cada individuo de edad a. En un segundo paso, se procedió a ajustar este indicador. Así, a los efectos de tomar en cuenta las diferencias entre individuos de diferentes hogares (recogidas en el término de perturbación), se ponderó β(a) por la razón entre el consumo del hogar y el consumo predicho. O sea, el consumo de cada individuo i de edad a del hogar j se estimó como:

Cuando la actividad no tiene destinatarios implícitos, es decir, corresponde a producción general, todos los miembros del hogar son consumidores, incluido el productor. Es el caso de la limpieza de la vivienda, preparación de alimentos, mantenimiento y reparación del hogar, entre otras. En este caso, se imputó a cada integrante del hogar la producción per cápita.

Debido a la forma de relevamiento de actividades en la EUT, en el caso uruguayo se debió lidiar con una situación no prevista en la propuesta de Donehower (2014). Es el caso del cuidado de ancianos y enfermos, en el cual aparece un beneficiario (anciano) implícito identificable, pero otro (enfermo) no es identificable. En este caso se optó por dividir la producción entre los mayores de 12 años, en el supuesto de que el cuidado de un niño enfermo es reportado en el tiempo dedicado a cuidado de niños y que la probabilidad de estar enfermo es la misma para todos los mayores de 12. Nótese en particular que, como la EUT no reporta el cuidado de ancianos por separado, el consumo de este grupo no está correctamente estimado. Los hogares problemáticos son aquellos en que los adultos mayores conviven con adultos y jóvenes. Es posible que el cuidado de adultos mayores esté subestimado debido a que problemas de salud del adulto mayor conlleven a la convivencia con sus hijos al tiempo que se está suponiendo igual riesgo de enfermedad para todas las edades.

Por último, para estimar el tiempo de apoyo recibido desde otros hogares (incluye cuidado de niños, cuidado de dependientes y ayudas en otras tareas) se siguió el criterio de distinguir producción general y específica distribuyendo equitativamente la producción entre las edades de la población objetivo.

Nótese que en todos los casos la estimación del consumo no distingue entre hombres y mujeres de misma edad. Una vez que se le asignó a cada individuo su consumo, la estimación por sexo y edad se realizó a partir de las características demográficas reportadas en la encuesta.

C. Valorización de la producción del hogar

El paso siguiente a la estimación del tiempo dedicado a la producción del hogar es su valorización. Hay dos métodos usualmente utilizados para la valoración monetaria de la producción del hogar: el "método directo", consiste en valorar los productos y servicios utilizando precios de mercado; y el "método indirecto", consiste en valorar el producto obtenido a partir de los costos de los insumos empleados en la producción.

El método directo requiere conocer la cantidad de bienes y servicios producidos por el hogar (número y tipos de comidas preparadas, número de prendas de vestir lavadas, etc.). Una desventaja del método es que la información necesaria raramente es relevada por las estadísticas (Landefeld y McCulla, 2000; Hirway, 2005). Una vez que se identifican los productos, se deben imputar los precios de productos equivalentes del mercado, por lo que se debe recurrir a supuestos como la homogeneidad de la calidad de los bienes y servicios (Hirway, 2005; Salvador, 2009). Finalmente, el valor generado por los integrantes del hogar se calcula sustrayendo al valor de la producción total los insumos intermedios y el consumo de capital fijo (Goldschmidt-Clermont y Pagnossin-Aligisakis, 1999).

En este trabajo se utilizó el método indirecto. La propuesta general es estimar el producto a partir de valorar el valor agregado por medio de la remuneración de los factores. En el entendido de que el peso del factor trabajo es casi 100%, lo usual es que el producto se estime a partir del valor del trabajo excluyendo el costo del capital. Para llevar adelante este método hay dos enfoques principales: el de costo de oportunidad y el de costo de reemplazo.

Bajo el enfoque del costo de oportunidad, el producto se valora según el salario que el individuo que realiza esa producción deja de percibir en el mercado laboral, asumiendo que el valor de una hora marginal de trabajo en el hogar es igual al valor de una hora marginal de trabajo en el mercado. Usualmente cuando el individuo no trabaja se estima un salario potencial con base en atributos productivos y otras características (Francavilla, Giannelli, Grotkowska y Socha, 2011; Salvador, 2007). Una de las críticas principales a este enfoque es que como la valoración depende de las características de los individuos, se puede obtener un valor diferente de la producción en hogares en que se realizan los mismos bienes y servicios, lo que genera distorsiones en los resultados (Landefeld y McCulla, 2000). Obsérvese que esta estimación supone que la productividad que el individuo ofrece en el mercado laboral es la misma que obtiene en la producción del hogar. Este supuesto no es totalmente compatible con los modelos tradicionales de asignación del tiempo, donde se asume que las personas se dedican a la actividad en la que su productividad (en términos comparados) es mayor. Por ejemplo, un abogado tiene (en promedio) un salario más elevado que un cocinero, pero su productividad en la tarea de cocinar es probablemente más baja y, por ende, las comidas que prepare deberían tener un valor más bajo. Pero con el método del costo de oportunidad, el valor de la producción del hogar del abogado es mayor al del cocinero. Esto tiene implicancias cuando se compara a hombres y mujeres. En efecto, la crianza tradicional puede llevar a que la productividad en la producción del hogar sea relativamente mayor para la mujer, al tiempo que hay una brecha salarial que se debe a la existencia de discriminación de género en el mercado de trabajo. Consecuentemente, debido a esta especialización de la mujer en el ámbito doméstico, la valoración de la producción del hogar podría estar sobreestimada cuando la realiza un hombre (en términos relativos a cuando la realiza una mujer).

Fundamentalmente, debido a la sensibilidad del método del costo de oportunidad a las diferencias de género en la valoración, en este trabajo se opta por utilizar el método de costo de reemplazo. Este consiste en valorizar las horas de trabajo en la producción del hogar utilizando el salario pagado en el mercado por realizar una tarea similar. Este método parece más apropiado para acercarse al valor de la producción medido en forma directa: implícitamente, supone que el valor está dado por el valor del trabajo en una producción que no tiene lucro. Nótese que de todas maneras la discriminación de género en el mercado de trabajo continúa afectando las estimaciones, debido a que existen tareas donde predominan hombres y otras en donde predominan mujeres.

Para detectar la "tarea similar", en la literatura relevada se recurre usualmente a dos formas distintas (Landefeld y Mc Culla, 2000; Hirway 2005). La primera forma es asimilar a quien realiza el producto del hogar como a un trabajador no calificado. En este caso, se imputa el salario de un trabajador no especializado contratado por el mercado (quien puede llevar adelante todo tipo de tarea, como por ejemplo, el trabajador del servicio doméstico). La segunda forma consiste en imputar salarios de trabajadores especializados según la tarea; por ejemplo, el salario de un cocinero para la preparación de alimentos, de una niñera para el cuidado de niños, entre otras.

La discusión sobre cuál salario tomar como referencia se basa en preguntarse si la productividad del trabajo en la producción de determinado producto o servicio del hogar es similar o no a la de un trabajador calificado específicamente para realizar esa tarea. Hay quienes sostienen que la productividad del trabajador especializado es superior a la del trabajador del hogar, por lo que al utilizar su salario se sobreestima el producto del hogar (Francavilla et al., 2011). Esto se fundamenta en la idea de que quien trabaja en el hogar generalmente desempeña variadas tareas y no tiene el mismo capital humano (experiencia y formación) que un profesional especializado dedicado a una tarea. Además, se esgrime que la utilización de capital físico adecuado para la tarea aumenta la productividad del trabajo, y quien produce en el hogar emplea menor intensidad de capital (Abraham y Mackie, 2005; Landefeld y McCulla, 2000). De todas maneras, en los modelos de asignación de tiempo quien trabaja en el hogar es quien tiene mayor productividad relativa, por lo que el salario no especializado podría subestimar su trabajo. Sin pretender ponerle un punto final al debate, en este trabajo se utiliza el costo de reemplazo con el criterio de medir la hora trabajada a partir de un salario o más de trabajadores especializados y/o no especializados.

Otra cuestión a resolver es si debe utilizarse el salario antes o después de impuestos directos y contribuciones sociales. La valoración después de impuestos directos y contribuciones sociales es más adecuada cuando se pretende conocer el pago que reciben las personas en el mercado por una determinada actividad, y está asociada a la aplicación del método de costo de oportunidad (Goldschmidt-Clermont y Pagnossin-Aligisakis, 1999). En este ejercicio, dado que se aplica el método de reemplazo (y no de costo de oportunidad), la valoración se realiza antes de impuestos directos y contribuciones sociales, reflejando el total del costo laboral (Donehower, 2014). En otras palabras, el valor de la producción del hogar se mide por el total del valor del trabajo.

Para llevar adelante la valorización se emplearon los microdatos de los ingresos laborales de los trabajadores dependientes privados de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) del 2007. Una vez identificadas las ocupaciones laborales correspondientes a las actividades a ser valoradas, se calculó el salario por hora promedio y se le imputó a cada hora trabajada en el hogar según la actividad asociada. El valor agregado total se calculó multiplicando el valor promedio de cada edad de varones y mujeres por separado, por el número de personas de esa edad correspondiente a la proyección de población del año 2007 del INE.

Tal como se mencionó, el valor corresponde al salario promedio (en la ocupación relevante) antes de impuestos y contribuciones. Pero la ECH registra el salario luego de impuestos y contribuciones, por lo que para la estimación se aplicaron las tasas previstas por la ley. Se utilizó la información sobre si la persona aportaba o no a la seguridad social, aspecto relevado en la ECH. Si el trabajador respondió que aportaba, se asumió que lo hacía por todo el salario; es decir, se supone que no hay evasión parcial. Así, a los salarios informados se le agregaron los impuestos directos y contribuciones que corresponde pagar de forma obligatoria por parte del trabajador y empleador6. En caso contrario, no se sumó nada, asumiendo que quien no cotiza al sistema de seguridad social no paga ningún impuesto. De esta manera, el valor estimado es el que más se aproxima al valor de mercado del trabajo.

Puesto que se estimó el salario por hora promedio de cada actividad, en los casos en que la actividad comprendía varias ocupaciones se consideraron todas ellas. Obsérvese que el promedio refleja en cierta medida la estructura ocupacional de mercado de la actividad.

En el anexo se presentan las ocupaciones consideradas en cada actividad y el salario promedio con que se valoró la hora de cada una de ellas (Véase cuadro A.1). Los valores más bajos corresponden a las actividades de cuidado de niños y lavandería y costura, que son las de mayor participación femenina en el mercado laboral y están vinculadas a ocupaciones de salarios bajos. Por el contrario, a la administración del hogar le corresponde un salario elevado, al estar vinculada a empleos más calificados y mejor remunerados.

II. Resultados

La presentación de los resultados se estructura en cuatro apartados. Primero se presentan las estimaciones del tiempo destinado a la producción del hogar, luego las transferencias recibidas o consumo y, en el tercer apartado, las transferencias netas valorizadas en unidades monetarias. Finalmente, en el cuarto apartado, se presenta el tiempo destinado a la producción del hogar por nivel educativo.

A. Tiempo destinado a la producción del hogar

En la figura 1 se presenta el número de horas diarias dedicadas a la producción del hogar por edad, para mujeres y varones por separado. En la misma dirección a como lo muestra la evidencia internacional, la dedicación de las mujeres es superior a la de los varones en todas las edades.

La apertura por edad permite ver que hay también una diferencia de género en los perfiles. Para los varones, la dedicación horaria se duplica entre la adolescencia y la juventud (alrededor de los 25 años), pasando de 1 a 2 horas diarias. Luego se mantiene relativamente estable hasta caer en edades muy avanzadas (80 años). Las mujeres registran un crecimiento mucho mayor a partir de la adolescencia: de 2 horas a los 14-18 pasan a alcanzar su punto más alto de 6,7 horas diarias a la edad 34-38. A partir de los 38 años, la cantidad de horas comienza a decrecer y si bien repunta alrededor de los 65, la tendencia general es de disminución.

En perspectiva comparada, las formas de las figuras para varones y mujeres de Uruguay se asemejan a las del resto del mundo. De todas maneras, la brecha de las horas dedicadas por las mujeres en relación con los varones es menor en Costa Rica (Jiménez-Fontana, 2014 y 20167) y en los países europeos (Zagheni y Zannella, 2013; Zagheni et al., 2015), lo cual significa que existe un mayor balance entre ambos sexos en la producción del hogar en esos países, comparado con Uruguay. Por el contrario, las estimaciones para Tailandia (Phananiramai, 2011) indican que la brecha de las horas dedicadas por las mujeres en comparación con la de los varones es mayor que la de Uruguay.

Por otro lado, de la combinación del tiempo dedicado a la producción del hogar y de mercado por separado, se desprenden dos resultados. En primer lugar, las mujeres en promedio dedican más horas a la producción total, por tanto, cuentan con menor tiempo de ocio que los varones para todas las edades. En segundo lugar, de acuerdo con las horas dedicadas en ambos ámbitos, los varones se encuentran más especializados en el mercado laboral y las mujeres en el hogar (véanse figuras 1 y 2). Esto último acarrea diferencias por sexo en los ingresos percibidos, en las trayectorias profesionales y en el grado de independencia económica, entre otros.

Los resultados encontrados sobre la producción del hogar son consistentes con la hipótesis del comportamiento femenino del ciclo de vida, es decir, es más intensa la dedicación en la etapa asociada a la crianza de los hijos. El análisis de este punto se realiza mejor si se desagrega el perfil por actividades presentado en las figuras 3 y 4.

Para las mujeres, el perfil de las tareas de cuidados de personas (que incluye el cuidado de niños) tiene al inicio una forma de U invertida, con un pico en las edades 29-33 de 2 horas diarias. A los 49-53 años el valor se estabiliza en valores próximos al 0. Esto se condice con un ciclo de vida en que la maternidad implica el cuidado de los hijos. En cuanto a los hombres, sus niveles son más bajos pero presentan un patrón que puede responder al efecto de la paternidad, ya que se observa una joroba con un pico a los 34-38 años.

Obsérvese que este pico es posterior al de las mujeres, consistente con que la paternidad comienza más tardíamente que para las mujeres8. Este punto máximo no llega a la hora diaria, lo que indica una diferencia de género en esta actividad del hogar. Estimaciones realizadas con una muestra de hogares de parejas con hijos muestran el mismo patrón, aunque se registra una mayor intensidad en la dedicación en horas a los cuidados tanto para los varones como para las mujeres.

También las actividades de cocina y limpieza (que son las más importantes para ambos sexos en relación con su carga horaria) parecen estar relacionadas con la presencia de hijos en el caso de las mujeres. Su perfil crece hasta los 44-48 años, alcanzando las 4 horas y media. Luego, la dedicación se mantiene en un nivel algo más bajo hasta los 70 años, en que comienza un descenso. En cuanto a los varones, los niveles son notoriamente más bajos que los de las mujeres, alcanzando en su pico valores inferiores a las 2 horas diarias. A su vez, el perfil por edad tiene una tendencia creciente hasta los 80 años. Ello no es fácil de interpretar si se piensa en términos de cambios generacionales en los roles, según los cuales, cuanto mayor es la edad, más habría imperado un estilo de crianza para el cual las actividades de cocina y limpieza serían "femeninas". A título especulativo, podría decirse que este perfil se origina en cambios de comportamiento durante el ciclo de vida. Por ejemplo, es posible que con la edad los varones se comprometan más con las tareas rutinarias del hogar a medida que van transitando por la formación de su hogar, la crianza de los hijos y el retiro del mercado de trabajo. Ello podría incluso reforzarse en los hombres que forman un hogar unipersonal en la vejez o en aquellos que, estando en pareja, afrontan el deterioro físico de su cónyuge aumentando su dedicación a la producción del hogar.

Las otras dos actividades (tareas generales dentro del hogar y apoyo a otros hogares) tienen un peso notoriamente menor. En la dedicación en horas a las tareas generales dentro del hogar, que en promedio no alcanza la hora diaria, la participación de varones y mujeres es más equitativa. Cabe recordar que aquí dentro se ubican las tareas de mantenimiento, reparación y administración del hogar, entre otras; en estas, específicamente, la dedicación de los varones supera al de las mujeres.

Por último, en los apoyos a otros hogares los varones tienen una participación muy poco significativa. En el caso de las mujeres, se detecta un pico alrededor de los 50 años que podría atribuirse a los apoyos que las hijas adultas les brindan a sus padres adultos mayores en otros hogares. También se detecta otro pico en las mujeres a los 65, años aproximadamente, que podría dar indicios del papel de las "abuelas cuidadoras", tal como lo registraron Zagheni y Zannella (2013) para Francia, Italia y España. Si esto es así, entonces estarían realizándose transferencias de tiempo de unas generaciones a otras más jóvenes (de mujeres adultas mayores a nietos).

Por último, en términos monetarios, la producción del hogar bajo el método de costo de reemplazo especialista para el año 2007 representa un 23% del producto interno bruto (PIB) de ese año. Estos resultados están alineados con estimaciones de las cuentas satélites de los hogares de Uruguay (Salvador, 2009).

B. Beneficiarios de la producción del hogar

Lo primero que se debe indicar es que por el método empleado resulta difícil encontrar brechas de género en el consumo. En efecto, la estrategia metodológica seguida se adapta mejor a la identificación de la edad del beneficiario. De todas maneras, el consumo diferirá por género en cuanto los hogares con más peso femenino/masculino tengan diferente composición y nivel de producción del hogar. Tal como se presenta en la figura 5, este efecto no se percibe en este tipo de análisis, pues se observa que las figuras de consumo de varones y mujeres prácticamente se superponen.

En los primeros años de vida, el número de horas diarias requeridas adquiere sus valores más altos, lo que se atribuye a las necesidades de cuidados. Este consumo se reduce paulatinamente durante la niñez y la adolescencia, y se estanca en 2 horas diarias entre los 18 años y los 44 años para ambos sexos. Luego, entre los 45 y 74 años, el consumo per cápita para varones y mujeres crece, aunque de manera moderada, y en su nivel más alto (3 horas diarias) se mantiene muy alejado del consumo registrado en la primera infancia. En las edades más avanzadas, después de los 75 años, el consumo vuelve a descender.

En Uruguay, al igual que en estimaciones para países europeos, se identifica un mayor consumo en las edades más tempranas que luego decrece hasta la entrada en la etapa de la vejez. Sin embargo, en las estimaciones europeas a partir de los 60 años aumenta nuevamente el consumo per cápita a niveles cercanos (y en algunos casos iguales) a los de las edades iniciales (Zagheni y Zannella, 2013), lo cual no se evidencia con esa magnitud para el caso uruguayo.

En la figura 6 se muestran las estimaciones de horas diarias consumidas en promedio por cada grupo de actividades a lo largo de las diferentes edades. En primer lugar, el tiempo de cuidados recibidos dentro del hogar es muy intensivo en los primeros años de vida (por ejemplo, 5 horas en la edad 0, 4 horas en la edad 1, entre otras). Para el grupo de 0 a 3 años el 70% de las transferencias de tiempo recibidas corresponde a cuidados dentro del hogar. Pero luego con la edad decrece el peso de los cuidados. En las edades más avanzadas (80 y más) hay un repunte en las transferencias de tiempo recibidas, lo cual es consistente con el ciclo de vida y las situaciones de dependencia de las personas en esas edades. Este crecimiento podría incluso estar subestimado debido al aumento de la incidencia de personas institucionalizadas (viven en casas de salud), y a que la EUT no distingue entre cuidado a adultos mayores y a enfermos.

Pasados los primeros años de vida, la actividad de cocina y limpieza pasa a ser la más requerida, y su consumo crece llegada la adolescencia. Entre las edades de 40 y 65, este consumo aumenta nuevamente. Una hipótesis de este incremento puede ser la pérdida de economías de escala: a estas edades, el tamaño de los hogares se reduce por la emancipación de los hijos, pero la producción no se ajusta en igual proporción debido a requerimientos mínimos. A partir de los 74 años se registra una caída y caben dos hipótesis sobre este hecho. Una de ellas es si esto implicaría que está cayendo el bienestar de esas personas porque están consumiendo menos, y la otra es si están sustituyendo este consumo por compra de servicios en el mercado, ya sea por una elección de comprar ocio o por presentar algún tipo de dependencia física.

Finalmente, las edades más tempranas se destacan como las mayores receptoras de las transferencias recibidas desde otros hogares.

C. Transferencias netas

La resta del tiempo destinado a la producción y al consumo da lugar al concepto de transferencias netas. Recuérdese que un valor positivo significa que el consumo es superior a la producción (déficit), y un valor negativo, que la producción es superior al consumo (superávit). Se ha optado por presentar los resultados en unidades monetarias, con el propósito de agregar las actividades por su precio; los perfiles no presentan cambios sustanciales si se les compara a los expresados en unidades de tiempo.

De acuerdo con la figura 7 durante la etapa de la niñez, a escala per cápita tanto un varón como una mujer promedio son consumidores netos, ya que no producen pero consumen.

En la adolescencia, las mujeres uruguayas comienzan a producir y, por tanto, pasan a ser superavitarias; por el contrario, los varones, aun cuando producen, se mantienen como consumidores netos. En las edades medias entre los 25 y 55 años, los varones pasan a compensar su producción y consumo (el déficit es más reducido) y las mujeres incrementan su superávit de transferencias de tiempo. El pico de mayor producción neta de ellas se ubica entre los 34 y 38 años.

A partir de los 60 años, el déficit de los varones comienza a crecer, atribuido en mayor medida a un aumento del consumo per cápita que no es acompañado por la producción. De todas maneras, este déficit adquiere dimensiones sustancialmente menores al registrado en las edades tempranas. Las mujeres se mantienen superavitarias hasta las edades más avanzadas, aunque con un superávit cada vez más pequeño.

Esta constatación de lo que sucede tanto en la producción del hogar como con el consumo para ambos sexos, permite confirmar que desde la adolescencia las mujeres presentan un superávit de transferencias (producen más de lo que consumen) y los hombres son deficitarios (consumen más de lo que producen). Este resultado es similar al hallado en los países europeos por Zagheni y Zannella (2013), en Tailandia (Phananiramai, 2011) y en Costa Rica (Jiménez- Fontana, 2014 y 2016).

Los niveles agregados se ven afectados por los tamaños de las cohortes; obviamente el signo no cambia con respecto a los valores per cápita (véase figura 8). Puesto que la proporción de niños es mayor que la de los adultos mayores, las diferencias entre los dos grupos se amplían. Es el grupo de los niños el que más requiere tiempo destinado a la producción del hogar, mientras que los requerimientos de adultos mayores parecen muy pequeños (recuérdese que existen problemas que podrían estar subestimando estos requerimientos). Por otro lado, son las mujeres desde la adolescencia y principalmente en las edades medias las que más transfieren a los grupos deficitarios. Y los varones, por su parte, desde las edades medias consumen a nivel agregado niveles cercanos a lo que producen, es decir, generan un déficit más pequeño, sin lograr ser superavitarios. A modo de resumen, las mujeres consumen el 52% del total producido en el hogar y los varones el 48%; mientras ellas aportan el 71% de la producción total y los varones el 29%. Esto confirma que las mujeres en su conjunto sustentan su propio consumo (de producción del hogar) y complementan al de los varones.

D. Tiempo destinado a la producción del hogar por nivel educativo

En esta sección se introduce la variable nivel educativo. Se define nivel educativo bajo como menos de 9 años de estudio y nivel educativo alto como 9 años de estudio y más.

La importancia de la dimensión educativa radica en la asociación entre nivel educativo y la inserción laboral, salarios y comportamiento reproductivo. Varios trabajos dan cuenta de la relevancia de todas ellas en las diferentes trayectorias hacia la adultez (Billari y Philipov, 2004; Furstenberg, Kennedy, Mcloyd, Rumbaut y Settersten, 2004; Varela et al., 2012).

El análisis por nivel educativo en los varones no registra diferencias sustanciales de horas dedicadas al trabajo remunerado. Sin embargo, sí existen diferencias en el grupo de las mujeres. Las mujeres más educadas presentan mayores niveles de horas de trabajo remunerado en las edades activas.

Desde el punto de la producción del hogar, en la figura 9 aparecen los perfiles de tiempo para los dos grupos educativos mencionados. Los perfiles sugieren que las mujeres jóvenes menos educadas dedican más tiempo al hogar y comienzan de forma más temprana que aquellas con mayor nivel educativo. Esto es consistente con la coexistencia de dos patrones de transición a la adultez distintos: un grupo deja de estudiar y forma un nuevo núcleo familiar, mientras que otro grupo permanece en el sistema educativo y retrasa su calendario reproductivo (Ravanera y Rajulton, 2006; Varela, 2008; Varela et al., 2012). A esto se agregan las diferencias en la paridez alcanzada por ambos grupos de mujeres (a mayor nivel educativo alcanzado, menor es el número de hijos tenidos), lo cual también repercute en la cantidad de horas destinadas a la crianza.

Sin embargo, a partir de los 30 años, los perfiles entre ambos grupos de mujeres se acercan, lo cual sugiere que cuando las mujeres con más educación constituyen sus hogares e ingresan en la maternidad cambian sus asignaciones de tiempo para dedicarse a la producción del hogar. Un resultado similar fue hallado por Jiménez-Fontana (2014) para el caso de Costa Rica.

Por el contrario, en las edades activas, los varones con más educación dedican más tiempo al hogar (aunque sea muy reducido) que los varones con menor nivel educativo, a pesar de que trabajan de forma remunerada en promedio las mismas horas. Tomando como base que siete de cada diez parejas tienen el mismo nivel educativo (ya sea alto o bajo)9, esto podría dar indicios de una relación positiva entre educación y distribución de roles más equitativa en las familias. Los resultados para Italia (país donde es muy marcada la división sexual del trabajo de forma tradicional) de Bloemen, Pasqua y Stancanelli (2009) abonan en esta dirección. Estos autores hallan que los varones más educados destinan más tiempo a la producción del hogar cuando están casados con mujeres trabajadoras de alto nivel educativo.

Ahora, nos centraremos en dos de los cuatro grupos de actividades: cocina y limpieza, y cuidados dentro del hogar. Las figuras 10 y 11 muestran las diferencias según nivel educativo entre varones y mujeres en estos grupos.

Con relación a cocina y limpieza, las mujeres jóvenes y adultas menos educadas aparecen más dedicadas a esta actividad en comparación con las más educadas. Y, por el contrario, en el caso de los varones en las mismas edades, los más educados registran más horas diarias en cocina y limpieza (véase figura 10). En la etapa asociada al retiro del mercado laboral, entre las mujeres tiende a desaparecer la distancia en horas dedicadas a este grupo de actividad. Y por su parte, los varones con menor nivel educativo registran un aumento en las horas de cocina y limpieza, mientras que los de más nivel disminuyen su carga horaria. Esto se podría atribuir a una capacidad económica más amplia por parte de estos últimos para adquirir servicios en el mercado y tercerizar la actividad doméstica.

En cuanto a las tareas de cuidados, para el caso de las mujeres a partir de los 34 años se acercan las horas de cuidados brindadas por ellas, sin importar el nivel educativo alcanzado. La entrada más tardía de inicio a la maternidad de estas mujeres más educadas significaría una mayor intensidad de la carga de tiempo dedicada a la producción del hogar, atribuida a las nuevas actividades de crianza. Sin embargo, estas horas se encuentran por debajo de las registradas por las mujeres menos educadas (no alcanzan las 2 horas diarias). Caben tres hipótesis al respecto que pueden ser compatibles entre sí. Una de ellas es que a las mujeres de más nivel educativo, al tener menos hijos, se les requiere menos horas de cuidados10. Por otro lado, las mujeres de más nivel educativo tendrían más poder adquisitivo para comprar horas de cuidado formal, ya sea dentro del hogar (contratación de niñeras) o fuera de él (centros de cuidado infantil), para complementar las horas necesarias de cuidados. Y por último, podría haber en las parejas más educadas una mayor participación del varón en la tarea de crianza de los hijos, tal como sugieren los resultados para los hombres. Para los varones en las edades jóvenes y medias (24 y 49 años), tanto para los más educados como los menos educados, se registra un pico en la actividad de cuidados dentro del hogar por efecto de la paternidad. Pero entre los más educados este pico es más rezagado (consistente con una paternidad más tardía) y más alto (véase figura 11).

En suma, tanto en la función de los cuidados como en la de las tareas del hogar vinculadas a la cocina y limpieza, las mujeres tienen una dedicación muy intensa (medida en horas) durante el ciclo de vida, lo cual da cuenta de la persistencia de la división sexual del trabajo en los hogares. Sin embargo, a mayor educación, esta intensidad disminuye para el caso de las mujeres de forma más pronunciada en cocina y limpieza. Además aumenta la participación de los varones en la producción del hogar y en especial la que refiere a los cuidados. Como consecuencia, con el nivel educativo alto se reduce la brecha de género. Por tanto, el factor educativo parecería generar un efecto positivo en la equidad de roles al interior del hogar.

III. Conclusiones

Este artículo tiene como propósito principal estimar la producción que se realiza en el hogar por sexo y edades, y que a diferencia de la producción de mercado, no aparece contabilizada en el Sistema de Cuentas Nacionales. Uno de los aspectos innovadores de las NTTA es que permiten identificar la producción del hogar y su consumo por sexo y edad. De la diferencia entre producción y consumo surge el déficit de transferencias de tiempo por edad para varones y mujeres. En futuros trabajos, ameritaría afinar las estimaciones realizando algún análisis de sensibilidad al método de imputación del consumo y estimando intervalos de confianza.

De acuerdo con los resultados obtenidos, las horas dedicadas a la producción del hogar de las mujeres son superiores a las de los varones en todas las edades y para todas las actividades, excepto las tareas generales. Esto último acarrea diferencias por sexo en los ingresos percibidos, en las trayectorias profesionales y en el grado de independencia económica, entre otros. Además, los perfiles por edad reflejan los cambios de acuerdo con el ciclo de vida (entrada a la vida laboral, conformación de nuevos hogares, entrada a la maternidad/ paternidad, emancipación de los hijos y retiro del mercado laboral).

En cuanto a quiénes son beneficiarios de esta producción del hogar, los resultados no arrojan diferencias de magnitud según sexo, lo cual está en gran medida relacionado con la metodología utilizada. En los primeros años de vida, el número de horas diarias requeridas adquiere sus valores más altos, atribuido a las necesidades de dependencia (cuidado de niños).

Sobre los perfiles de consumo se constata una caída del consumo en las edades avanzadas, lo cual podría ocurrir por el método empleado. En una etapa futura podría hacerse algún análisis de sensibilidad del supuesto aplicado en este trabajo, o explorar otras metodologías para estimar la asignación de consumo en esas edades.

En relación con la valorización de la producción, queda pendiente la realización de pruebas de sensibilidad de la valoración de la producción aplicando el método de costo de oportunidad y el método de reemplazo opción generalista.

Con respecto a las transferencias netas se confirma que las mujeres en las edades medias dedican más tiempo a la producción del hogar del que son beneficiarias, por tanto presentan superávit, y los varones se mantienen como deficitarios. Estos resultados también se constataron en Italia, España, Francia y Alemania (Zagheni y Zannella, 2013; Zagheni et al., 2015), Tailandia (Phananiramai, 2011) y Costa Rica (Jiménez-Fontana, 2014 y 2016). A nivel agregado, en función del ciclo de vida de las personas, son los niños los que más se benefician de la producción de los hogares. A diferencia de lo que se esperaba, con los datos hallados con la EUT 2007 y la estructura poblacional de dicho año, no se aprecia un impacto negativo del envejecimiento en las cargas de consumo en las edades más avanzadas (su producción y consumo casi se compensan). Tal como se mencionó, esto podría deberse a limitaciones de los datos.

Por último, el nivel educativo parece marcar la existencia de patrones diferentes de tiempo destinado a la producción del hogar. Con la educación aumenta la participación de los varones en la producción del hogar y en especial la que refiere a los cuidados, mientras que la de la mujer disminuye. Por tanto, el factor educativo parecería generar un efecto positivo sobre la equidad de roles a la interna de las familias. Queda pendiente saber si la asignación del varón con mayor educación a la producción del hogar se origina en su nivel educativo, o si se está recogiendo un patrón que corresponde a parejas en las que tanto el varón como la mujer tienen altos niveles de estudios.

Todos estos resultados pretenden generar insumos para el análisis de la producción del hogar en la economía, tanto por cuantificar su valor económico para la sociedad como por identificar los patrones de producción y consumo para varones y mujeres durante su vida.

Si bien en estas estimaciones NTTA para el año 2007 el déficit de transferencias de tiempo a nivel agregado de las personas en edad avanzada no crece, no se podría descartar que en la medida en que avance el proceso de envejecimiento en Uruguay los resultados pueden cambiar con encuestas más recientes de uso del tiempo y, en particular, con una mejora de la forma de relevamiento. Cabe mencionar además que en estas estimaciones, al igual que en las de los demás países mencionados, no están comprendidos los cuidados de personas institucionalizadas. Si bien esta proporción no es elevada entre los adultos mayores en Uruguay, esta limitación requiere ser tomada en cuenta en futuras estimaciones.

Finalmente, tanto el envejecimiento como la mayor inserción de la mujer en el mercado laboral y las desigualdades que se dan entre quienes tienen capacidad de comprar servicios de mercado y quienes no, podrían generar conflictos nuevos en la producción del hogar. Por ello, la combinación de las NTTA con las NTA permitiría construir una visión global sobre los flujos de transferencias y de este modo, brindar una herramienta útil para el análisis de las políticas públicas desde una perspectiva generacional y de género. En particular, las estimaciones ofrecen la posibilidad de obtener el costo total de la crianza de un niño o del cuidado de un adulto mayor. Más precisamente, en la nueva matriz de políticas sociales en Uruguay están adquiriendo una mayor relevancia las políticas de cuidados de personas dependientes (niños, adultos mayores y con discapacidad) para la conformación de un Sistema Nacional de Cuidados, lo cual está estrechamente vinculado con los aportes que puedan ofrecer las estimaciones de producción del hogar y su consumo por sexo durante el ciclo de vida de las personas.

Agradecimientos

Esta investigación no obtuvo fuentes de financiación para realizarse. Además, queremos agradecer a los evaluadores por sus pertinentes comentarios.

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Notas al pie
3 Para más información sobre las NTA y NTTA se recomienda consultar los sitios web http://www.ntaccounts.org y http://www.cww-dpru.uct.ac.za/.

4 El desbalance en el sexo del informante podría afectar la información reportada. En particular, puede ocurrir que los informantes perciban (y declaren en la encuesta) que trabajan más horas que las que efectivamente trabajan y/o perciban que los demás miembros trabajan menos. Como consecuencia, el desbalance entre informantes podría repercutir en una sobreestimación del trabajo de las mujeres. En cuanto a su posible efecto sobre las actividades, no parece importante, ya que no existen diferencias sustanciales en el tipo de tareas que realizan hombres y mujeres informantes.

5 El INE decidió optar por el método de lista de actividades recogiendo la información por medio de una entrevista personal realizada por un encuestador. Para ello, se empleó un cuestionario semiestructurado de 60 preguntas que se divide en los siguientes capítulos: "Trabajo doméstico familiar", "Tiempo de traslado", "Actividades de esparcimiento", "Tareas no remuneradas comunitarias o de voluntariado", "Cuidado de niños y niñas del hogar", "Cuidado de personas dependientes o enfermas" y "Apoyo a otros hogares y otros familiares en forma gratuita".

6 En el 2007 los principales eran el impuesto al salario, las contribuciones a la seguridad social y las contribuciones al seguro de salud.

7 Jiménez-Fontana realizó dos estimaciones para Costa Rica, la primera de ellas con base en la Encuesta de Uso del Tiempo del 2004 y la segunda con la encuesta del 2011.

8 Varela, Fostik y Fernández (2014) mostraron que en Uruguay el inicio de la trayectoria reproductiva de los varones es más tardío que el de las mujeres.

9 Del total de parejas para el 2007 según la EUT, 37% es de nivel educativo bajo y 37% es de nivel educativo alto. El restante 26% corresponde a parejas donde se combina una persona de nivel educativo bajo con otra de nivel educativo alto.

10 Varios trabajos constatan para Uruguay que las mujeres de mayor nivel educativo registran una paridez media acumulada más baja que las de menor nivel educativo (Varela et al., 2008; Varela, 2008).

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Anexo