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Gaceta CEDE #1
16 de Mayo de 2018

 

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La Gaceta Cede resume en un lenguaje libre de tecnicismos las investigaciones de profesores de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes publicadas en las revistas o editoriales prestigiosas de la profesión.

Resumen del artículo Trade, Quality Upgrading, and Input Linkages: Theory and Evidence from Colombia
Ana Cecília Fieler, Marcela Eslava, Daniel Yi Xu 
AMERICAN ECONOMIC REVIEW | VOL. 108, NO. 1, JANUARY 2018 | (pp. 109-46)

Los beneficios subvalorados de abrir el comercio

Los beneficios de abrir el comercio no pueden analizarse solamente a la luz de potenciales ganancias en las exportaciones, o de las reducciones de costos para los importadores. Un reciente estudio de profesores de la Universidad de los Andes, la Universidad de Pennsylvania y la Universidad de Duke muestra que la apertura económica de los 90 en Colombia incrementó la cantidad y la calidad de los insumos importados, y que ese efecto de calidad luego se expandió a la calidad de los demás insumos y productos domésticos. Mejoró los productos, motivó menores precios y aumentó la demanda de obra calificada, generando ganancias de bienestar para los consumidores y de ingresos para los trabajadores calificados. También trajo consigo una consecuente pérdida relativa de ingreso para los trabajadores de baja calificación. Otros estudios sobre épocas más recientes, sin embargo, sugieren que ese efecto negativo sobre la equidad se reversó en el mediano plazo, a medida que la fuerza laboral, en parte impulsada por los mayores retornos a la cualificación, aumentó su nivel de estudios. Una serie de enseñanzas interesantes en un contexto en que se empiezan a juzgar los efectos de los TLC que Colombia ha firmado.

Durante años los economistas se han dedicado a estudiar los beneficios y costos que la inserción en el mercado global, a través del comercio internacional, puede implicar para una sociedad. Han formulado diversas teorías. Algunas de éstas giran alrededor de los efectos a través de la exportación: las empresas locales más competitivas pueden aprovechar el mercado extranjero para expandir su escala, lo que mejora la productividad de la economía al permitir que más de los recursos productivos se empleen en esas empresas super-eficientes; además, los exportadores podrían volverse aún más eficientes al estar sometidos al rigor de mercados más exigentes. Otras teorías giran alrededor de los efectos a través de las empresas importadoras: el comercio les permite hacerse a mejores insumos y máquinas que los que tendrían si estuvieran limitados al mercado local, mejorando también su productividad y la calidad de los bienes que producen. Y como las empresas más eficientes y competitivas suelen ser también las que utilizan mano de obra más sofisticada, estas diferentes teorías predicen un efecto negativo sobre la equidad  salarial a través de empresas importadoras y/o exportadoras, al menos en el corto plazo. Estas empresas demandan trabajadores más calificados,  abriendo aún más la brecha salarial y de empleabilidad frente a aquellos con calificaciones más básicas. 

Los datos muestran que, en efecto, son las empresas más eficientes las que exportan e importan; que en épocas de mayor inserción en el mercado global muchas empresas se vuelven aún más eficientes; y que esas son épocas en que también hay mayor distancia entre los salarios de las personas más y menos calificadas. Estos patrones están particularmente bien documentados para Colombia, pues la riqueza de datos combinada con frecuentes cambios en el régimen de comercio hacen que el país sea un laboratorio ideal.

Estos patrones en los datos son en general consistentes con las diversas teorías mencionadas atrás. Pero, ¿cuál de esos canales predomina? Responder esta pregunta es importante para entender hasta dónde, por ejemplo, Colombia puede estar derivando beneficios de su apertura hacia otros países, aun cuando no esté exportando a éstos. Y hasta dónde los beneficios del comercio internacional tocan sólo a las empresas que se involucran en éste y a los consumidores directos de productos importados.

Ese es el objetivo que se propusieron la profesora Marcela Eslava y sus coautores Cecilia Fieler (Universidad de Pennsylvania) y Daniel Xu (Universidad de Duke) en una investigación cuyos resultados fueron recientemente publicados en American Economic Review.1 Para lograrlo, combinaron datos sobre los establecimientos manufactureros colombianos alrededor de la época de la apertura de la era Gaviria, con un modelo que reunía los distintos canales de las teorías que ya mencionamos. Formularon una hipótesis adicional que también incorporaron a su modelo: que, como una empresa compra insumos a otras y vende sus productos para que otras los usen como insumos, los beneficios del comercio se extenderían mucho más allá de aquellas empresas y productos que participaran directamente en el comercio internacional. Luego se dieron a la tarea de analizar qué tan capaz es cada teoría para explicar lo que en efecto sucedió a los manufactureros colombianos, simulando versiones de su modelo que alternativamente “prendían” y “apagaban” algunos de los mecanismos.

Lo que los investigadores encontraron es que, aún en el caso de una liberalización comercial unilateral como la que se dio en Colombia en los años noventa, abrirse al comercio trae consigo ganancias mucho más allá de incrementar las exportaciones y la productividad de quienes logran exportar. De hecho, hallaron que la importación de materias primas fue el motor de las mayores ganancias de la inserción en mercados globales que conllevó ese proceso, con alcances que fueron mucho más allá de las empresas que son directas importadoras. Tener acceso a insumos producidos en otros países amplía la variedad y calidad de insumos de que pueden disponer los productores locales y, concluyó el estudio, los lleva a decidirse a producir bienes más sofisticados aprovechando las mejores y/o más baratas materias primas importadas. Como otros productores locales compran a su vez los productos de estos importadores, se genera un efecto de bola de nieve en la calidad y eficiencia de los productos locales.

Todo esto, a pesar de que la competencia de bienes importados hace que, para la mayoría de empresas, esta mejora en la calidad y eficiencia de sus productos no redunde en un crecimiento de su tamaño. Es decir, el beneficio pasa al consumidor final en forma de mejores productos disponibles a menores precios, más que a través de mayores rentas de capital para los dueños de las empresas. Si usted vivió esa época, sin duda estará pensando en cómo cambió el “menú” de carros, golosinas y ropa que se podía comprar antes y después de la apertura, aún entre los productos de origen nacional.

En adición, las teorías que atribuyen las ganancias del comercio internacional a la expansión de las exportaciones no son compatibles con el hecho de que la intensidad de uso de trabajo calificado creció en todo tipo de empresas luego de la apertura, a pesar de que sólo 10% de éstas exportaba. Tampoco con el hecho de que, entre los establecimientos manufactureros que sólo vendieron sus productos y sólo compraron sus insumos en el mercado doméstico, el 30% mejoraron la calidad de sus productos.

En el lado de la equidad, los resultados corroboran que parte del efecto “sofisticador” del comercio internacional redunda en una mayor demanda por trabajo calificado, que en parte se ve reflejada en un incremento de la brecha de ganancias entre las personas con mayor formación y aquellas que no la tienen. Es decir, hay un empeoramiento de la distribución del ingreso. El lado positivo de esa misma moneda es que el bono que gana una persona por estudiar o re-entrenarse se incrementa, lo que en el mediano plazo puede llevar, como en efecto parece haber sido el caso en Colombia y otros países de Latinoamérica, a una fuerza laboral más sofisticada y por tanto a que menos personas se encuentren en la situación de percibir los bajos ingresos asociados con baja calificación. Es decir, el efecto de deterioro en la equidad es transicional.

La siguiente gráfica ilustra el desplazamiento generalizado de la distribución de calidad a través de establecimientos en dos casos: cuando la brecha salarial de calificados vs. no calificados no se incrementa (panel izquierdo) y cuando sí lo hace (panel derecho), siendo el último caso seguramente más relevante para el corto plazo y el primero para el largo plazo. En la mitad de la distribución, que caracteriza establecimientos de calidad media, que con alta probabilidad no participan directamente en el comercio internacional pero que no son las menos sofisticadas entre estos establecimientos “domésticos”, el nivel de calidad se desplaza hacia la derecha de forma bastante marcada (distribución azul, comparada con la roja). En el caso en que la demanda de trabajadores calificados no puede ser satisfecha y se refleja por completo en un incremento de los salarios de los calificados frente al resto, hay mayor dispersión en el efecto de calidad: es mucho mayor para establecimientos cuya calidad inicial era más alta, pues son éstos los que mejor pueden lidiar con los incrementados costos de contratar trabajadores calificados.

Figura 1: Distribución de calidad a través de establecimientos: antes y después de la apertura

figura1

        Panel a: brecha salarial fija, oferta laboral flexible     Panel b: brecha salarial flexible, oferta laboral fija

Los resultados de esta investigación advierten que es peligroso caer en la tentación de dar pasos atrás en la inserción al mercado global con argumentos tales como la (más que) tímida expansión de las exportaciones colombianas luego de los recientes tratados de libre comercio.

Ver artículo 

 

 


 

 

1 Trade, Quality Upgrading, and Input Linkages: Theory and Evidence from Colombia. American Economic Review, enero de 2018.